lunes, 13 de diciembre de 2010

¿CÓMO Y QUÉ MEDIDA EL LENGUAJE DE LAS PERSONAS CON SÍNDROME DE ASPERGER PUEDE SER DISCAPACITANTE?

Juan Martos Pérez

Profesor de Psicología
Universidad Autónoma de Madrid
Director Equipo Deletrea


Es bastante paradójico que pueda plantearse que las personas con síndrome de Asperger (niños, adolescentes y adultos), en las que teórica y prácticamente no se observan dificultades significativas y/o relevantes en lo que se denominan “los componentes formales del lenguaje”, es decir, en lo que se refiere a la fonología segmental, la sintaxis y la morfología (o si se quiere, planteado desde otra óptica: en las que, habitualmente, se observa “hiperformalidad” y frecuentemente pedantería o lenguaje “escolástico”, como informaba el propio Hans Asperger), presenten algún tipo de discapacidad en lo que respecta a la comunicación y el lenguaje. Y, sin embargo, son personas que claramente están presentando alteraciones y dificultades, sutiles y difíciles de comprender en ocasiones pero no por ello menos relevantes, en los aspectos y componentes más esenciales e importantes que caracterizan el uso social y mental del lenguaje, en especial, la pragmática, pero también significativamente en la semántica y característicamente en la prosodia (o fonología suprasegmental) y que reflejan formas de discapacidad que precisan de ser comprendidas y evaluadas en su justa medida al objeto de que se proporcionen las ayudas necesarias que precisan estas personas.

La discapacidad social que caracteriza a las personas con síndrome de Asperger también se extiende al ámbito de la comunicación y el lenguaje. Para comprender las dificultades que las personas con síndrome de Asperger presentan en el lenguaje, y en qué medida pueden ser discapacitantes, vamos a tomar como punto de partida los niveles de gravedad o afectación que, para las personas con autismo de alto funcionamiento y/o síndrome de Asperger, se definen en las tres dimensiones correspondientes, comunicación, lenguaje expresivo y lenguaje receptivo, del Inventario de Espectro Autista (I.D.E.A.) de Ángel Rivière:



Comunicación

Empleo de conductas comunicativas de declarar, comentar, etc., que no sólo buscan cambiar el mundo físico. Sin embargo, suele haber escasez de declaraciones capaces de “cualificar subjetivamente la experiencia”, es decir, referidas al propio mundo interno y la comunicación tiende a ser recíproca y poco empática.


Lenguaje expresivo

Lenguaje discursivo. Es posible la comunicación aunque tienda a ser lacónica. Las personas en este nivel pueden ser conscientes de su dificultad para “encontrar temas de conversación” y para transmitir con agilidad información significativa en las interacciones lingüísticas; intercambian con dificultad roles conversacionales, comienzan y terminan las conversaciones de forma abrupta, pueden decir cosas poco relevantes o poco apropiadas socialmente. Se adaptan con dificultad a las necesidades comunicativas de sus interlocutores. Frecuentemente su lenguaje está prosódicamente muy alterado. Parece “pedante” rebuscado y poco natural, o abrupto y poco sutil. Hay dificultades para regular los procesos de selección temática y cambio temático en la conversación y el discurso.


Lenguaje Receptivo

El nivel más alto, el que define a las personas con síndrome de Asperger, se define por la capacidad de comprender planos conversacionales y discursivos del lenguaje. Sin embargo, hay alteraciones sutiles en procesos de diferenciación del significado intencional del literal, en especial cuando uno y otro no coinciden. También en los procesos de doble semiosis (comprensión del lenguaje figurado) y modulación delicada de la comprensión por variables interactivas y del contexto.


¿Cómo no puede ser discapacitante un trastorno con estas dificultades en el lenguaje? Un trastorno en el que las personas que lo padecen solo hablan con los demás de sus temas de interés, para obtener algo que necesitan o para compartir información factual. Personas que sólo responden a las preguntas con hechos relevantes y que no hacen preguntas porque no tienen en cuenta lo que los demás piensan. Personas que consideran que tener conversaciones informales no sirve para nada y, además, ¿para qué molestarse?, ¿sobre qué hablar?, ¿cómo hacerlo? Para las personas con síndrome de Asperger puede ser inútil y difícil mantener una conversación informal. No les interesa para nada lo desconocido y lo imprevisible y estas características definen con frecuencia las conversaciones más habituales entre las personas, en especial cuando se refieren al mundo de los sentimientos y las emociones. Las personas con síndrome de Asperger no entienden porque no pueden decir lo que piensan y les es difícil de entender porque sí se dice lo que se piensa se puede ofender a alguien. Simon Baron-Cohen nos proporciona un ejemplo muy clarificador a este respecto, en el que la persona con síndrome de Asperger realiza un comentario en el que no parece apreciar que la gente es diferente a un lavabo y a otros objetos inanimados:

“Siempre digo lo que pienso. Lo que los demás entiendan no es mi problema. Si se sienten ofendidos o heridos, no es mi problema. Sólo digo lo que es cierto. Digo lo que siento y en cuanto mis palabras salen de mi boca dejan de tener nada que ver conmigo. Es como cuando voy al lavabo, en cuanto los excrementos salen de mi cuerpo yo dejo de ser responsable de lo que les ocurra en el lavabo”.

Veamos con algo más de detalle en qué modo y medida las peculiares alteraciones en el lenguaje que presentan las personas con síndrome de Asperger pueden ser discapacitantes, en especial en lo que se refiere a aspectos como la pragmática y al discurso, la semántica, los actos de habla indirectos y la interpretación literal de enunciados, el uso idiosincrásico del lenguaje, la vocalización de los pensamientos, la prosodia y el habla pedante.


Pragmática

El uso del lenguaje en contextos sociales (y mentales) es uno de los aspectos más claramente afectados y como consecuencia de ello, las personas con síndrome de Asperger van a mostrar evidentes signos de discapacidad en aspectos como los siguientes:

- Todos y cada uno de los aspectos emocionales que pueden intervenir en la comunicación entre personas (reconocimiento de las propias emociones, manejo adecuado de las emociones en función de los contextos, reconocimiento de las emociones de los interlocutores en la comunicación, etc.

- Situarse en “la mente” de los demás y comprender que las otras personas pueden pensar de forma diferente.

- Reciprocidad en la comunicación, el diálogo o la conversación.

- Dominio del turno de palabra.

- Utilización adecuada de la mirada como demarcación de turnos.

- Identificación del cambio de rol de “hablante a oyente”.

- Cambios de temática conversacional

- Reconocimiento de las normas implícitas que indican cómo y cuando cambiar de tema
en la conversación.

- Utilización de los recursos adecuados para asegurar que el oyente comprende lo que se le está diciendo.

- Proporcionar las aclaraciones y/o clarificaciones necesarias que se precisan.

- Inhibición de comentarios irrelevantes o inadecuados.

- Diferenciar adecuadamente entre la información que se ha proporcionado y la nueva.


Discurso

El discurso implica el manejo adecuado de máximas conversacionales, que aunque no normativas están aceptadas implícitamente y regulan el uso del lenguaje en la conversación.

También implica un uso adecuado de comunicación referencial y habilidades narrativas con adecuadas secuencias temporales que contengan información relevante. Las personas con síndrome de Asperger muestran signos de discapacidad en aspectos como:

- Utilización adecuada y eficaz de máxima de relevancia, es decir, la contribución a la conversación ha de ser relevante y pertinente.

- Utilización adecuada de la máxima de cantidad, es decir, la contribución a la conversación ha de ser tan informativa como sea necesaria, pero sin ser más informativa de lo que es preciso.

- Actividad narrativa relevante ajustándose a lo que el oyente conoce o necesita saber.

- Uso adecuado de referencias al propio mundo interior o al impacto interno de nuestras experiencias.

- Adecuado seguimiento de “hilos temporales” en la actividad narrativa.


Semántica

Se observan claros indicios de discapacidad en aspectos como los siguientes:

- Adecuada comprensión de los dobles sentidos en el uso que se hace del lenguaje.

- Deducción del sentido en función del contexto.

- Utilización y comprensión adecuada de términos mentalistas (que hacen referencia estados mentales internos, bien de la propia persona, bien de los demás).

- Sensibilidad adecuada a los efectos del significado en el uso de los recuerdos y la memoria.

- Adecuada utilización y comprensión de términos relacionales (verbos, determinantes, adverbios y preposiciones).

- Adecuado análisis de significados múltiples, ambiguos y generalizados de las palabras.

- Adecuada capacidad de derivar significados oracionales a partir de análisis de unidades mayores del lenguaje (como el discurso y las habilidades narrativas).


Prosodia

En la comunicación a través del lenguaje usamos la entonación, el ritmo y el volumen para resaltar aquellas palabras o expresiones que consideramos importantes, para dar información sobre el contenido emocional y para orientar el contenido de lo que decimos Las personas con síndrome de Asperger presentan, de forma universal, alteraciones en este componente y manifiestan, por tanto, signos evidentes de discapacidad en aspectos como:

- Adecuado uso de la entonación, ritmo y control de volumen del habla.

- Adecuado establecimiento de relación entre entonación y sentido.

- Adecuado uso de las propias claves prosódicas.

- Comprensión de las claves prosódicas de los demás.

- Utilización adecuada de claves prosódicas para la segmentación perceptiva de unidades lingüísticas.

- Adecuada acentuación.

- Uso efectivo de señales temporales para marcar la información gramatical.


Interpretación literal y actos de habla indirectos

Con los actos de habla indirectos comunicamos más de lo que decimos literalmente,
requiriéndose, por tanto, de conocimiento compartido para su comprensión (se precisa un uso adecuado, efectivo y rápido de habilidades de teoría de la mente). Ejemplos prototípicos de actos de habla indirectos son las ironías, las metáforas, las mentiras, las bromas, etc. La característica comprensión literal que presentan las personas con síndrome de Asperger, hacen que manifiesten claros y patentes signos de discapacidad en la comprensión y uso de los actos de habla indirectos. Con mucha frecuencia este particular tipo de discapacidad puede dar lugar a actos de mofa y burla a los que incomprensiblemente y sin las armas y herramientas necesarias tiene que enfrentarse las personas con síndrome de Asperger.


Lenguaje pedante

Puede ser muy frecuente que las personas con síndrome de Asperger hagan uso de lenguaje pedante o excesivamente formal o que incluso corrijan a las personas que no están haciendo un uso preciso del lenguaje. Esta característica puede ser, habitualmente, mal interpretada, dando lugar a equívocos o a que puedan utilizarse, por parte de las otras personas, adjetivos como “maleducados”, “presuntuosos”, “irrespetuosos”, etc., reflejando una clara incomprensión del uso peculiar que la persona con síndrome de Asperger hace del lenguaje.

También es frecuente la utilización de palabras inventadas, neologismos y el uso idiosincrásico del lenguaje que, de nuevo, puede dar lugar a que las otras personas se rían (o puedan mostrarse desconcertadas) de la persona con síndrome de Asperger.


Vocalización del pensamiento

Es relativamente frecuente, más habitual en la infancia, que las personas con síndrome de Asperger vocalicen sus pensamientos bien cuando están solos, bien cuando están en compañía de otros. Al igual que con las peculiaridades que hemos comentado anteriormente, este aspecto y uso del lenguaje puede ser causa de bromas, mofa o incluso de calificativos más graves (“está loco, habla solo”).

Es importante comprender la finalidad de tales vocalizaciones, puesto que la persona con síndrome de Asperger puede estar tratando de organizar su pensamiento, dotarse de cierta tranquilidad y disminuir nivel de ansiedad o tratando de expresar (aunque inadecuadamente) algunos aspectos de su mundo interno. 

Fuente: http://asperger.es/publicaciones.php?id=1&cap=36&cat=1


La diferencia como valor social.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Como hacer que los hijos respeten los limites - Padres modernos: del “vale todo” al “porque te lo digo yo”

Por Gabriel Pandolfo | 14.02.2009

ChupeteLos especialistas advierten que décadas de tolerancia en la crianza de los hijos, aplicada por padres culposos, generaron niños con grandes dificultades para asumir responsabilidades, respetar límites o demostrar respeto por los demás.
Hoy surge una nueva paternidad, que asume la tarea de educar, es decir, de no hacer la vista gorda y demandar que las tareas sean cumplidas o de simplemente decir que no. Frente a los tradicionales estilos de liderazgo, el permisivo y el autoritario, nace uno nuevo, democrático, en el que las normas se imponen por consenso y se cumplen.

¿Cómo criar a los hijos para que no se conviertan en tiranos?
Especialistas del mundo desarrollado sostuvieron una idea peligrosa en tiempos en que la tolerancia comenzaba a generar contradicciones: el remedio recomendado fue ponerle fin a la pedagogía de la permisividad.
NiniodeditoEsta pedagogía, según ellos, había dejado a los niños estancados en una fase de su desarrollo, caracterizada por el narcisismo infantil. La crianza indulgente y horizontal había producido durante los últimos 15 años consecuencias nefastas, desde detalles aparentemente triviales, como que muchos niños y adolescentes ya no saludan a los adultos, hasta otros de mayor gravedad, como la dificultad para asumir responsabilidades, límites y respeto por los demás. Es algo que nos tocó vivir, ¿cómo lo cambiamos?
La cara de la confusión. El doctor Marcelo Hernández, especialista en psiquiatría, psicología médica y clínica familiar, dice que como “sujetos de interacción, funcionamos en un contexto, respondiendo a estímulos. Cuando no hay parámetros, nace la confusión”.
Los expertos advirtieron claramente que los padres ya no querían tomarse la molestia de educar a sus hijos, bajo normas de respeto que empiezan en el hogar y se expanden al mundo.
“Hay una cierta dimisión por parte de los padres, de la dura y desagradable función de educar. Decir que no, demandar que las tareas sean cumplidas es una tarea desagradable, e incluso angustiosa. Pero no es la única dimensión de educar, que entraña también amor, cuidado, dedicación, estímulo, aliento…”, explica la doctora Diana Rabinovich, profesora titular de la Facultad de Psicología de la UBA.
Todos quieren pasárselo bien, sin andar atrás de los chicos diciéndoles cómo tienen que comportarse; mucho menos despegarlos de la PlayStation, porque mientras están conectados a la computadora pueden desconectarse de ellos.
Y cosas así. Dice Rabinovich que
“nos enfrentamos actualmente con la burda caricatura de lo que fue el ideal de una educación más libre, flexible y tolerante. En la constitución de ese ideal, el psicoanálisis tuvo una influencia importante. Sin embargo, ello devino en una deformación del psicoanálisis en su relación con la educación. Los niños, y cualquier sujeto humano, cualquiera sea su edad, devienen ‘tiranos’ si no se les ponen límites, si no se les enseña el respeto por los otros y por la ley, si no se les piden esfuerzos y trabajo, si no se les enseña a ser responsables de sus acciones”.
¿Qué hacer? ¿Cómo?
Se necesita licencia para todo. Uno debe tener licencia para conducir un auto, portar un arma, ejercer una profesión, pero no se necesita licencia para tener un hijo. ¿Cómo sería?
Demasiado complicado. Pero no todos estamos hechos para ser padres, y cada vez menos. En algunos casos, son nada más y nada menos que un accesorio. Pero no importa. Todos fuimos niños alguna vez, y todos los niños cuando crezcan pueden algún día asesinar a un presidente. No se les puede echar toda la culpa a los padres. Ni a los presidentes.
Si algo ya no sirve, o no es funcional a las necesidades de la sociedad, se busca un cambio; pero mientras tanto, en el camino de la transición, se echa mano a lo que está disponible. Hernández da cuenta de tres tipos de liderazgo, que podrían ser vistos como estilos paternos o de educación, que forman a los niños con características específicas, que deberían ser tomadas en cuenta a la hora de establecer normas o parámetros.
“El estilo laiser faire produce mucha creatividad y una sensación ilimitada de libertad, pero poco orden y eficacia. El estilo autoritario, tipo colegio militar, produce mucho orden y eficiencia, pero poca productividad y nada de creatividad. Y el estilo democrático, que es una mezcla de los dos, produce normas, consenso y cumplimiento. Es un estilo organizador de la experiencia que da un promedio de creatividad, orden y eficiencia. Es decir que se imponen normas por consenso y se las cumple.”
El psiquiatra alemán Michael Winterhoff plantea en su reciente best seller ¿Por qué los niños se convierten en tiranos? que la fase narcisista normalmente debe durar entre los 10 y 16 meses de edad, pero desde hace un tiempo se ha encontrado en su consultorio con niños mucho mayores que parecen no haber salido de ese punto.
“En ese período de desarrollo, el niño no distingue todavía entre cosas y personas, por lo que no tiene ninguna sensación de respeto hacia los otros. El único principio que rige el comportamiento en esa fase es el principio del deseo”, escribe W.
“La función primordial de un niño es apropiarse de todo. ‘Esto es mío’, dicen todo el tiempo.
Chupan, tocan, tragan. Sienten angustia de separación o abandono. El entorno se somete a ellos y controlan las instancias del contexto. Son sometedores natos. Necesitan un marco que los contenga, necesitan aprender a esperar y a manejar la frustración. Si no lo hacen, de adultos pueden sufrir alguna clase de psicopatología o ser directamente psicóticos”, dice Hernández.
Para Rabinovich,
se ha devaluado y degradado la idea de mérito, de que hemos de merecer algo en función de lo que hemos hecho para obtenerlo. Se ve claramente en la supresión de sanciones adecuadas en las escuelas. No se corrigen las faltas de ortografía o de gramática y la consecuencia está a la vista: los jóvenes no saber escribir ni leer ni hablar, y circulan con un vocabulario paupérrimo. Casi puede afirmarse que hay un trabajo en contra de nuestro carácter de seres determinados por la cultura, una dimisión de la civilización, y cada vez se enfatiza más que seamos animales alegres, pero animales por fin ‘naturales’. Un ejemplo de ello es la pérdida de pudor, que sabemos tiene determinaciones históricas, cosa de la que se da prueba claramente en la televisión, que ha creado una cultura donde mostrarlo todo está bien, burlarse y humillar al prójimo también”.
¿Excesos? Golpes bajísimos, para ser exactos. ¿En qué se ha convertido la vida familiar?
Para Hernández,
“la familia actúa como un neutralizador de los medios, especialmente de la televisión e Internet, pero para que eso suceda debe estar organizada con normas, límites, horarios acotados para el entretenimiento, etcétera. Es cierto que lo que más se está viendo es la comodidad del padre/madre ausente que sabe que su hijo está entretenido con la computadora o la televisión”.
El determinar límites e imponer rutinas implica, naturalmente, asumir conflictos que, según Winterhoff, muchos padres prefieren evitar porque, para compensar los problemas que tienen en otros ámbitos de sus vidas, quieren mantener con sus hijos unas relaciones armónicas y renuncian al papel de guías.
La evidencia.
Si hay niños tiranos es porque hay padres inmaduros. Quieren ser más amigos de sus hijos que distantes y distintos. Ser padre es educar, contener, poner límites. Una metáfora clara de esto es la madre que se viste con ropa de su hija, que se hace operaciones estéticas para parecer de dieciocho. La bajada de línea es confusa, además de laxa. Un padre todavía no ha sido reemplazado por nada, es una figura central en nuestra vida, pero hay un corrimiento y todo es consecuencia de todo”, explica Hernández.
La música de fondo desafina. ¿Qué hacemos para calmar el ruido psíquico con el que se desenvuelve el tiempo? ¿Psicofármacos?
“Es común hoy observar que muchas consultas a los psicoanalistas de niños se realizan por razones de educación –dice Rabinovich–. Se nos pide a los psicoanalistas que eduquemos.
Pero el psicoanálisis no es para educar, sino para resolver inhibiciones, síntomas y angustias. A ello se le suma la idea de que aprender ha de ser fácil, de que las normas de cortesía son anticuadas, que se puede decir cualquier cosa, que la infancia será feliz en la medida en que sea un juego permanente.
Hay dimensiones de la vida que no son juego, que exigen renunciar a gratificaciones fáciles e inmediatas. En suma, la opinión promedio es que todos tienen derechos, niños o adultos, pero ninguno tiene deberes. Los medios no hacen más que reforzar esta idea de tengo derecho a lo que sea. El ideal es que todo sea fácil, efímero, trivial”.
En todos los campos de la vida, los equilibrios se rompen cíclicamente, para dar paso a nuevos paradigmas más adaptables a las épocas que se van sucediendo en nuestra historia.
El futuro es incierto, pero nadie lo espera de brazos cruzados, en cierta forma. Se rastrea el pasado, lo que estuvo bien, lo que estuvo mal, y se proyecta alguna ruta de acceso a un porvenir con menos tensiones.
A ver: si el niño tiene problemas, el problema es de los padres,
“pero ese adulto –dice Hernández– vive en un ambiente cambiante e inseguro, pierde los ahorros a manos de un banco, pierde el trabajo, pierde la autoestima. No vivimos en un mundo estable”.
Es cierto, pero ¿qué hacer?
“Creo que hay que volver a la función educativa del no. El no en sí no es ‘traumático’, es humanizante. Lacan señalaba que, desde muy temprano, un niño sabe distinguir entre un límite y una brutalidad contra él, y la experiencia muestra que esto es así. El ‘no’ opera una pérdida, y la pérdida es constituyente de nuestra capacidad simbólica, o sea de lo que nos hace los únicos animales inteligentes.”



La diferencia como valor social.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

EL NIÑO MIMADO: No fortalece su espíritu y la voluntad

Una de las cosas peores que puede hacer un padre con sus hijos es dejarlos que se hagan caprichosos y testarudos. Es de la máxima importancia en la educación de los hijos la formación de la voluntad.



La voluntad se fortalece enseñándola a renunciar. A esto hay que empezar de pequeño. Que empiece a renunciar a gustos, caprichos, comodidades, etc., en bien del prójimo.

Por ejemplo: que reparta entre hermanos y amigos la caja de bombones que le han regalado, que se levante de la silla para echar el papel del caramelo en la papelera, que ceda el sillón a una persona mayor, que deje un juego ruidoso porque a la abuelita le duele la cabeza, etc., etc. Hay multitud de renuncias y privaciones de alto poder formativo.

La sonrisa de un hijo proporciona a los padres tanto placer que se hace durísimo contrariar al niño. Por otra parte, hay corazones de padres que no pueden resistir el oír llorar a sus hijos. Sin embargo, han de saber que por no querer contrariarlos hoy y darles esos caprichos, los están preparando para grandes disgustos en la vida, porque las cosas no siempre van a salir a sus deseos.

Es una equivocación decir: Déjale hacer. Pobrecito. Ya tendrá tiempo de sufrir. Todo lo contrario. El niño mimado sufrirá el doble que el que se ha acostumbrado a renunciar con naturalidad. ¡En la vida hay que renunciar por fuerza tantas veces!

Es menester acostumbrar al niño, desde pequeño, a portarse bien en todas partes, espontáneamente y por propia iniciativa, aunque nadie lo vigile ni le castigue. Hay que saber apartarlos del mal y orientarlos al bien, de modo que ellos mismos estimen la virtud y el deber, y lo abracen voluntariamente. Es muy importante en la educación de los niños saber proporcionarles placeres lícitos con alegría, y que sepan renunciar a lo ilícito sin angustia. Es imposible que los niños tengan siempre lo que desean. Hay que acostumbrar a los niños a que acepten estas frustraciones con naturalidad, pues la vida está llena de frustraciones.

El joven que se acostumbra desde niño a hacer su voluntad es un inútil para la vida. Porque la vida es un tejido de deberes desagradables, y el que desde niño no se acostumbra a cumplirlos severamente, sino que obra a impulsos de sus gustos, caprichos y pasiones, se hace víctima de su propia voluntad al llegar a la edad madura.

Dice el gran educador Stuart Mill : Quien nunca se ha privado de algo permitido, no sabrá privarse de lo prohibido.

La voluntad es la facultad de la persona humana por la cual el individuo cumple lo que se ha propuesto sin dejarse llevar por lo que le gusta o disgusta. Es muy importante para ser una persona de carácter. Es lo que hace al hombre más hombre. Para lograr el dominio de la voluntad es necesario entrenarse, como en el deporte. Hay que adquirir un hábito por la repetición de actos realizados con una motivación de superación personal. El entrenamiento debe empezar por cosas relativamente fáciles.

Un niño mimado no es aquel por quien se hace demasiado. Nunca se hace demasiado por un niño. Niño mimado es aquel a quien nunca se le ha exigido, aquel a quien no se le ha enseñado a devolver en proporción a lo recibido.

Condescender a los caprichos del niño es hacer de él un pequeño tirano. No hay manera más segura de labrar la desgracia de un hijo que darle todos los caprichos.

Educar, formar a un niño, es hacerle obedecer, ayudarle a superarse, enseñarle a amar, a querer lo que no quiere, lo que no ama, lo que no hace espontáneamente, pero que le servirá... Se ha definido al educador como quien presta voluntad. Dejado a sí mismo, el niño queda esclavizado a sus instintos y caprichos. La intervención de la voluntad fuerte del educador le libera... Ese pequeño ser tan encantador y tan débil, hacia el que nuestro amor y nuestra compasión se desbordan, es terriblemente egoísta y codicioso.

Hay que enderezarlo, moldearlo, humanizarlo. No hay rectitud moral en la vida si no se obedece a los principios, a pesar de las tentaciones y los caprichos.

No hay verdadero placer, incluso para el niño, en las cosas obtenidas sin esfuerzo. En todos los terrenos hay que pagar con horas de penosa ascensión la alegría de contemplar un hermoso panorama. La resistencia vencida produce su goce. Hay que dar al niño la experiencia y el gusto de estas ásperas y profundas alegrías que brotan de la dificultad vencida.

Fuente: http://es.catholic.net/familiayvida/158/287/articulo.php?id=3229


La diferencia como valor social.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

ORIENTACIONES PARA PADRES DE NIÑOS SUPERDOTADOS.

El niño superdotado debe recibir ayuda. Dado que no va a recibirla en el colegio, de ninguna manera, porque los profesores no están preparados ni tienen ni idea del tema de la superdotación (salvo contadas excepciones; yo la tengo por mis vivencias durante 17 años con uno de ellos, mi pareja,  además de ser docente de algunos de estos niños y  jóvenes un tiempo) los únicos que van a poder proporcinársela son sus padres, y para ello es necesario que sepan sus problemas y atenderlos adecuadamente. 




Yo voy a dar una serie de orientaciones al respecto, que son las que considero más importantes, y con las cuales el  niño puede encontrar el cauce por el que, al tiempo que se siente comprendido y valorado, exprese su alto potencial, aunque de momento tenga que ser fuera de la escuela.
 
El primer problema con el que se encuentra el niño es que los demás no le aceptan, le suelen ver raro, y le marginan, de una u otra forma, o le atacan (llamándole listillo,sabelotodo,cerebrito, viejo...). El niño ante esto se encuentra totalmente indefenso, no suele contárselo a nadie, y puede vivirlo pensando que es porque él tiene algo malo, que los demás ven en él algo malo. Entonces comienza el proceso en el que él no se acepta a sí mismo, en base al rechazo que tiene de los demás, y su autoestima comienza a ser herida.
 
 Bien ¿qué pueden hacer los padres frente a este problema?.
 
Se puede hacer saber al niño que lo que le sucede no es porque él tenga nada malo, y decirle la verdad: que eso le está pasando porque él es más inteligente que todos los demás (no hace falta utilizar la palabra superdotado para esto, si no se quiere; el hablarle de superdotación depende de la edad que tenga). El superdotado es muy inteligente, y en cuanto tenga la explicación de lo que le pasa, se sentirá mucho mejor, será un alivio para él en gran medida, porque descubrirá , dicho por personas que son de su entera confianza (sus padres), que no es porque él tenga nada malo ni porque no tenga valor, sino que es precisamente lo contrario, que A LOS DEMAS NIÑOS LES GUSTARIA SER COMO EL, PERO COMO NO PUEDEN,  ESO NO LES GUSTA y lo envidian, al tiempo que AL SER MAS INTELIGENTE QUE ELLOS , NO LE COMPRENDEN (esto es bueno decírselo). De esta forma el niño podrá quererse a sí mismo en relación a lo que le sucede con los demás. Hay que insistir mucho en este punto, y hacérselo comprender, para que su vivencia no sea negativa.  No se trata de que el niño piense que es superior, pero sí que es diferente por algo bueno, que es muy inteligente, y siempre será mejor que su autoestima esté por encima que por debajo, para que pueda defenderse. 



 
Otra cosa importante para este punto es que él sienta que sus padres sí le aceptan y sí le comprenden. Como el niño tiene problemas, y puede que tener que ir al psicólogo (lo cual yo tomaría como última opción, ya in extremis, porque éstos en vez de ayudarles, a veces les perjudican todavía más), él piensa que está decepcionando a sus padres, se siente así, y eso influye igualmente en su falta de valoración de sí mismo. Los padres aquí tienen un papel fundamental. Deben decirle que están orgullosos de tener un niño diferente,  porque esa diferencia no es otra que el hecho de que tiene talento, y por tanto, están felices de tener un talento en casa. Deben decirle que los problemas no importan, que los van  a solucionar juntos, y que van a apoyar al niño siempre.  De esta forma él se sentirá comprendido y protegido, porque ellos sienten desprotección ante una sociedad que les ataca sin miramientos sin que ellos puedan defenderse ni decírselo a nadie. Aunque no nos lo digan, hemos de adelantarnos a su posible frustración.
 
 Otro problema importante es que cuando los padres saben que el niño es superdotado, ya tiene la autoestima dañada, y la tiene baja. Hay que comenzar inmediatamente a subírsela. ¿Cómo? 

   Lo primero es decirle al niño la verdad, decirle que habéis descubierto que el es un niño con una inteligencia más alta que el resto (hay quien no es partidario de decírselo, pero mi experiencia demuestra que es bueno y que el niño se encuentra mejor cuando lo sabe, porque realmente ellos lo intuyen,  en el fondo lo saben, aunque no puedan expresarlo ni creerlo).  A continuación hay que decirle que es un niño que ha nacido diferente por ello, pero que eso no es nada malo, que vosotros estáis muy contentos y ORGULLOSOS de tener un niño así, tan inteligente,  y que le vais a defender frente a los que son más “tontos” que él (porque lo son) y le digan cosas (porque lo suelen hacer), y que le comprendeis, aunque los demás no lo hagan. De esta forma su autoestima crecerá, y el niño comenzará el proceso inverso que el que tenía. 



 Es necesario también utilizar con él un lenguaje siempre positivo, es decir, debemos borrar del nuestro vocabulario el utilizar términos como que es vago, problemático, distraído, raro, que está en otro mundo (ciertamente lo está, porque ellos son asi), que no rinde lo suficiente, que podría hacer mucho más....él ya hace todo lo que puede, los superdotados se esfuerzan al máximo, en contra de lo que se cree cuando académicamente no van bien, y es contraproducente hacerles creer que ellos son responsables de esa situación. Hemos de decirles calificativos que aumenten su autoestima, como que son listos, inteligentes, talentos,  que sepan que tampoco muchos de los grandes hombres de la historia iban bien en el colegio y  muchos no acabaron sus estudios (el ejemplo de Edison , Darwin, Dali, Juan Ramón Jiménez....), que lo que le sucece les pasa a todos los niños que son tan inteligentes como él, pero que es necesario hacer algo para cambiarlo. 

Hay que averiguar si el profesor utiliza algún calificativo que al niño le dañe (tal como los mencionados), y de ser así, hablar con él y decirle que los cambie.  No siempre el profesor será receptivo, pero hay que hablar con él, si es posible, sin decirle que el niño es superdotado, porque no suelen ayudarle,  sino que es todavía peor, y dado que no saben nada del tema, lo único que hacen es exigirle más que al resto de la clase,  y ofenderles diciendo que no rinden cuando son tan listos. Ahora mismo estoy tratando un caso así de un chaval de 13 años. Su madre lamenta que lo sepan, porque ha sido en su caso claramente perjudicial. Esto hay que evitarlo. Debemos actuar con cautela y astucia, y ver primero el terreno, comprobar antes qué idea tiene el colegio de un niño superdotado y lo que están dispuestos a hacer por él (que incluso en los mejores casos, será bien poco lo que puedan hacer, dado el sistema que tenemos), sin decirles que tu hijo lo es todavía. Si comprobamos que no va a ser favorable (que es lo más probable), es mejor que no lo sepan. Además sólo las pruebas hechas de manera oficial son válidas y reconocidas, no las privadas, y los equipos orientadores no siempre saben detectar una superdotación (igualmente conozco muchos casos en los que no lo han sabido hacer,  y dan razones que no son acertadas en absoluto. Como decir que los problemas que tiene una niña superdotada que conozco, es porque está muy mimada, o decir que son hiperactivos cuando esta característica puede formar parte de la superdotación cuando no es atendida, pero no es para nada patológica como ellos creen, confundiendola) . Es decir, mucha cautela, y  mucho cuidado. Es un tema que lamentablemente en España, es desconocido, y cuando se conoce, hay muchas ideas equivocadas sobre él y completamente erróneas. No dejemos que afecten al niño los que deberían ayudarle. 



 
También hay que aplaudir y halagar cada cosa que haga, sea pequeña o grande, y cuando haya que corregirle medir bien nuestras palabras, porque al ser hipersensibles, todo les afectará más, tanto si es bueno como malo. No hemos de hablarles nunca en negativo, sino hacerlo en positivo. Pongo un ejemplo. Si hemos de decirle que no está bien que sea desordenado, en vez de decirle que lo es ."no tienes que ser desordenado y dejarlo todo por ahí", se le puede decir  " mira, hijo, es normal que los niños tan inteligentes no quieran perder su tiempo colocando las cosas, pero si no lo haces, tu habitación estará siempre desordenada y luego no encontrarás tus cosas", comprueba su reacción. Otro ejemplo, si queremos que haga los deberes, en vez de decirle "no seas vago, vamos, ponte a hacer los deberes "  o "con lo que tú podrías hacer en el colegio, y no haces nada", decirle en su lugar "hijo, ya sé que es un aburrimiento lo que tienes que hacer, y que te lo sabes de sobra, pero si no lo haces el profesor no creerá que eres tan listo"...es decir, cambiemos nuestra forma de exigirles las cosas de negativo a positivo, es fácil y cuestión de acostumbrarse. El resultado puede sorprendernos, porque el niño reaccionará mucho mejor ante estímulos que apoyan su autoestima y no le quitan valor. Es cuestión de comprobarlo, aunque los niños nunca reaccionan igual. 

Otro problema es el aburrimiento que tienen en el colegio,  que llegan a detestarlo incluso, y por ello no rinden al no ser atendido su superior ritmo de aprendizaje. El responsable de esta situación no es el niño , sino el sistema educativo y  los profesores. Por tanto, hay que conseguir por todos los medios que el niño sepa esto, para evitarle una sensación de fracaso. Es el sistema educativo el que esta fracasando con él y no el niño. Hacérselo saber, no importa que sea pequeño, porque su mente siempre va varios años por delante.  Hay que decirle que él debería estar en una clase de niños con más inteligencia, pero que como son tan pocos los que hay, eso no se hace, y que por tanto, tendrá que esforzarse un poco por bajar su nivel al de ellos, dentro del colegio, haciendo lo que el profesor le diga, aunque se aburra,  mientras que fuera los padres deben tratar de compensar esto haciendo lo contrario, y ofreciéndole una educación que necesita. Si el niño ve que sus padres le comprenden y apoyan, tolerará el colegio mucho más, porque dejará de pensar que no le da a sus padres lo que se espera de él (no olvidemos que ellos son muy perfeccionistas, lo cual trataré en otro punto), y dejará de pensar que él es un fracaso, que es lo que suelen creer. Esto es algo fundamental. 


 
 La educación especial fuera del colegio, puede basarse en lo siguiente:
 
 Apuntar a el niño a actividades que sean de su interés, especialmente de tipo creativo, tal como puede ser: dibujo, pintura, manualidades, ajedrez, música, talleres que se dan en las asociaciones....Las actividades creativas son algo fundamental para estos niños. Son Terapeuticas y curativas para todos, pero especialmente para ellos. Dejemos que las utilicen cuanto más, mejor. En algunas no es necesario apuntarle en ninguna parte, sino comprarle  el material necesario y dejar que se exprese, de forma libre, autodidacta, por ejemplo pintando o dibujando. Si hace un pequeño cuadro, por ejemplo,  una vez que le compramos un pequeño lienzo, pinceles, témperas...después admiramos su creación, la halagamos sin buscar sus defectos y nos mostramos orgullosos de ella, la colgamos en su habitación o en alguna parte visible, y decimos lo mucho que nos gusta. El niño se sentirá feliz con esto (lo he comprobado). Pintar y dibujar es para ellos una forma de inventar, dado que no pueden hacerlo de otra forma (los superdotados suelen ser inventores, en una gran mayoría, dado su alto índice de creatividad). También por ello puede gustarles juguetes en los que tengan que construir cosas, juguetes que sean para experimentar (como juegos de laboratorio, esto les encanta, porque suelen estar dotados como científicos, en una gran mayoría). Es decir debemos observar al niño, e ir viendo que es lo que más le atrae. Si su dotación fuese en un área concreta, como la música, las matemáticas....debemos fomentar que pueda desarrollarla lo más posible, en base a cuantas posibilidades tengamos o podamos inventarnos. 

 Apuntarle a bibliotecas, para que pueda sacar cuantos libros desee. Es bueno favorecer su afán de lectura, y proporcionarle los medios. Es posible que con esto todavía se aburra más en el colegio, pero de todas formas el aburrimiento va a existir, y así al menos lo compensará cuando está fuera de clase. Es una barbaridad el querer impedirles que lean tanto, como dijo una vez un profesional a una madre, porque la lectura es para ellos como una necesidad, es para su intelignencia como el pan para nuestro estómago.

 Llevarle a ver museos, exposiciones, conferencias cuando sea un poco mayor, y una cosa que les encanta, el contacto con la naturaleza. Es bueno llevarles al campo, el contacto con los árboles, el mar, el río, los animales,...suele gustarles mucho, y podemos aprovecharlo para hacer actividades fuera de lo común. Se puede proponer al niño estudiar algún animal (una rana, un mejillón....)para diseccionarlo (esto se hace a veces en el colegio, pero pocas), y con una enciclopeda delante, ver sus partes. El niño podría dibujarlo, nombrarlas,  hacer un verdadero trabajo de investigación, que seguramente le fascinará (probad a proponérselo); igualmente se le puede decir que haga una colección de rocas,  de hojas, de insectos, cogidos en el campo, con vuestra ayuda. Con esto no solo disfrutará, sino que su alto potencial tendrá cauces por los que expresarse, siempre y cuando sean actividades en las que le proporcionemos los materiales necesarios (él sentirá que le estamos apoyando si hacemos todo esto). Ellos necesitan retos. Y estos ejemplos que pongo lo son para ellos. Vosotros como padres podeis inventar muchos otros, y a pesar de que sé la dificultad que entraña la falta de tiempo, es la unica forma de ayudar a vuestro hijo, aunque sea un sacrificio. Aunque a pesar de todo, siga aburriéndose y queriendo nuevas actividades, porque nunca se cansan, ya es muy  importante el hecho de que ellos vean el apoyo y comprensión de sus padres, y saber que cuenta con ellos. 
 
 Por último voy a hablar del problema de que son atacados. Suelen decirles insultos o calificativos como listillo, sabelotodo, enciclopedia andante, cerebrito, y cuando son algo mayores, se les considera engreídos (cuando no lo son) y les ven incluso con chulería (cuando no la tienen, pero es la imagen que los demás tienen de ellos, equivocadamente). Esto les sucede incluso con los profesores, que también compiten con ellos cuando ya son adolescentes, y no toleran su superioridad (el alumno superdotado es frecuente que sepa más que el profesor. De hecho a mí me ha pasado, que un alumno mío sabía más que yo,  solo que yo aprendo de ellos y admito su superioridad, cosa que no hacen nunca los demás. Los demás se enfrentan a ellos, y utilizan la soberbia y la prepotencia en muchos casos, dado que tienen la sartén por el mango frente al superdotado). Ante esto hay que ayudarles. Hay que enseñarles como defenderse de esta situación, igualmente para que su autoestima no resulte dañada. Hay que explicarles que su alta inteligencia despierta la envidia en algunas personas, y que por ella, es por lo que reaccionan de la forma que lo hacen. Hay que decirles que les llaman listillos y lo demás, porque en realidad a ellos también les gustaría ser listillos, solo que no pueden. El niño o joven se sentirá de esta forma totalmente apoyado por sus padres, y sabrá enfrentarse mejor a la situación, porque sabrá que no es porque él tenga nada malo, sino que sucede como consecuencia de la envidia,   y ha de saber que cuando existe envidia, el problema no tiene que ser del envidiado, sino que el problema es del envidioso. Esto es importante. No damos importancia a este hecho, cuando está ahí, en nuestra sociedad, y el superdotado es el que más lo padece. Todo el mundo puede comprar lo que no tiene, un coche, un chalet... que también son generadores de envidia, pero lo que no puede adquirirse de ninguna manera es la inteligencia, lo que no puede comprarse es el talento, y por eso quien lo envidia quiere destruirlo. Los padres deben defender al superdotado de este hecho, y saber que él no tiene culpa alguna de lo que le sucede.
 
     Otro problema importante es comprender que el niño no puede cambiar, no debemos proponernos ni obligarle a que se adapte, como suele ocurrir,  porque sencillamente no puede. En el colegio se dice que es mejor que el niño se adapte a los que son normales, pero ES QUE NO PUEDE. Ellos ya se esfuerzan siempre al máximo por ser como los demás, pero SON DIFERENTES, y ese intento de adaptación lo  hacen a costa de dejar de ser ellos mismos, de inhibir su alto potencial y someterse a una gran frustración. Conozco niños que leían mal a propósito, adolescentes superdotados que comenzaron a suspender también a propósito, niños que hablan mal o dejan de hablar, superdotados adultos que disimulan su alto nivel de conocimientos para no ser llamados engreídos, superdotados que se callan en clase y no preguntan por temor a las represalias del profesor......esta es la triste verdad.   No debemos consentir que esto suceda a vuestro hijo, y aunque le enseñeis a bajar de nivel para relacionarse con  los demás, lo cual sí es posible y él estará dispuesto, pero hay que enseñarle cómo hacerlo sin que él salga perdiendo y sin que tenga que perder su alto potencial ni inhibirlo. No olvidemos que debe aceptarse a sí mismo, y si le obligamos a cambiar, le estaremos dando un mensaje de que no es aceptado tal y como es. Imaginemos , si no, el caso contrario ¿puede un infradotado, por mucho que se esfuerce, ser como nosotros? ¿podriamos conseguir que se adaptase en un aula normal? Me temo que no. Lo mismo le sucede al superdotado, se ve obligado a bajar mucho de nivel, muchísimo, y aún así, no logra esa integración que tanto busca y necesita. Debemos hacerle comprender por qué pasa esto, y decirle que es por su alta inteligencia. 

     Dados los problemas de relación que suelen tener con los otros niños, es fundamental conseguir que se relacionen con otros que sean como ellos, también de alto potencial. Es muy importante si queremos que tengan un desarrollo emocional normal, porque es la forma en que ellos se dan cuenta de que hay otros niños igual que ellos, con los mismos intereses, con los que pueden hablar en el mismo nivel, jugar a lo que les gusta realmente, con los que sienten que no son tan raros (suelen pensar que lo son, porque los demás generalmente lo piensan).  Esto podemos conseguirlo por dos caminos en este momento: bien a través de las asociaciones, que es para lo único que realmente sirven donde hay grupos de niños superdotados que realizan actividades juntos (y para lo único que las recomiendo, aparte de que los padres puedan compartir sus problemas e inquietudes con otros padres en la misma situación, aprendiendo unos de otros), o por medio de algún anuncio puesto en internet (conozco a unos padres que lo pusieron, y ahora están con otra familia que vive cerca, habiéndose hecho amigos los dos niños que son de alta capacidad). Esto es algo fundamental, y el niño puede dar un cambio sustancial.
 
 
 Espero que con estas orientaciones, siempre limitadas, pueda comenzar un nuevo camino en  la educación de su hijo, y verdaderamente ayudarle. Ya sabes que yo estoy a tu disposición para cuantas dudas puedan ir surgiendo, y lo importante, lo verdaderamente importante, es conseguir que ese niño sea feliz y sepa quererse a sí mismo tal y como es. Asi mismo, en la lucha que he comenzado por ellos, espero contar con la colaboración de todos, de una forma unida.

TOMADO DE: http://www.telepolis.com/cgi-bin/web/DISTRITODOCVIEW?url=/1598/doc/Biblioteca/Orientaciones.htm

La diferencia como valor social.

sábado, 9 de octubre de 2010

Estrés en los niños: Cuando les piden más de lo que pueden dar

 Los factores más recurrentes para desarrollar un estado de estrés son los problemas familiares como maltrato, separación de los padres, enfermedad o muerte de algún miembro cercano, amigo o mascota; y todo tipo de cambios radicales que impliquen una pérdida, como cambios de casa, jardín o colegio.


Fuente: Padres OK

Fernanda tiene 9 años. Siempre ha sido la primera en su curso y sus padres, separados hace cinco años, decidieron cambiarla de colegio.

La primera prueba de selección la hizo a fines del año pasado en uno de los mejores establecimientos de Valparaíso y sus resultados no fueron buenos.

Este “fracaso” desató una serie de temores e inseguridades en la pequeña niña, acostumbrada a ganar.

Terror nocturno, con paseos y conversaciones dormida; comenzó a orinarse en la cama o en cualquier sitio, porque no alcanzaba a llegar al baño.

“Andaba triste y llorosa... Como es tan competitiva, quería mantener el primer puesto en su curso e ingresar de las primeras en el otro colegio”, cuenta su madre, Claudia, quien agrega que debió llevarla al psicólogo.

“Él nos dijo que lo más simple para remediarlo era cambiar el “switch”, no hablarle más del colegio y comenzar a organizar las vacaciones. Ojalá cambiarla de entorno y hacer como si todo hubiese pasado”.

Fernanda presentaba claros síntomas de estrés.

Luego de quince días de angustia, la niña comenzó a mostrar mejorías. Hoy está matriculada en un excelente colegio y disfruta de un veraneo con su papá.

El estrés es un estado de malestar psicológico y físico que generalmente se manifiesta como un estado de aprensión, apremio y tensión.

Suele identificarse como una enfermedad de adultos, afectados por la velocidad cotidiana y la presión laboral.

Pero, como Fernanda, son muchos los niños que lo presentan, debido a las grandes exigencias a las que están expuestos.

Los factores más recurrentes para desarrollar un estado de estrés son los problemas familiares como maltrato, separación de los padres, enfermedad o muerte de algún miembro cercano, amigo o mascota; y todo tipo de cambios radicales que impliquen una pérdida, como cambios de casa, jardín o colegio.

¿Cómo saber si su hijo está estresado?

La psicóloga clínica, María Elena Montt, especialista en niños y adolescentes, describe los síntomas que permiten detectar el estrés según las distintas edades y las causas más frecuentes que lo detonan.

Lactancia (0 a 2 años). El niño se manifiesta irritable, con llanto fácil y dificultad para calmarse. Presenta cólicos y trastornos del sueño y la alimentación.

La causa más común de estrés a esta edad es la ausencia de la madre o la persona que esté a cargo de su cuidado, ya sea física o psíquicamente.

La falta de reciprocidad entre la madre y el niño, impide a ésta comprender lo que su hijo necesita. Suele coincidir con mamás que no se encuentran bien anímicamente (depresión, por ejemplo) o que están muy ocupadas.

Otro tipo de agentes estresores que afectan al bebé son el maltrato directo y la sobreestimulación (cuando no se respetan los ritmos de desarrollo del niño).

Preescolares (2 a 6). En esta etapa, se pueden presentar dos tipos de situaciones: agresividad acompañada de reiteradas y grandes pataletas o a la inversa, un niño ensimismado y retraído, que se aísla del mundo.

En ambos casos se suman manifestaciones biológicas como dolor de guatita o de cabeza y la aparición de miedo excesivo ante cosas sin importancia aparente, o frente a situaciones que antes no le inquietaban.

Si el menor bordea los 5 años y siente un temor intenso a separarse de la madre, puede ser también signo de estrés.

La principal causa en estas edades se resume en los conceptos “control y exigencia”. Los padres comienzan a fijar límites y muchas veces exigen respuestas inmediatas.

El tema del control de esfínter, la adquisición del lenguaje o la demarcación de lo que se debe y no se debe hacer, aplicadas en forma rígida provocan sentimientos de sobreexigencia en el pequeño.

Si, por el contrario, los padres no les fijan límites y se exceden en permisividad, el niño, probablemente también se estresará, ya que le invadirá un sentimiento de soledad y orfandad, donde percibe que nadie se preocupa de él, de lo que haga o deje de hacer.

En este período aparece también, en forma incipiente, la necesidad de autonomía y por ende, todo aquello que le impida ese objetivo (dificultades en el lenguaje, no saber vestirse solo, poca habilidad para realizar determinadas actividades, etc.), se transformará en estresor.

Etapa escolar (6 a 11). Los síntomas de esta edad son: agresividad más allá de lo normal, tristeza, problemas para dormir, disminución del rendimiento escolar, dolores de guatita y/o de cabeza y llanto sin motivo o por cualquier cosa.

El niño comienza a evitar ciertas situaciones que le resultan estresantes, como hacer tareas, ir al colegio, enfrentarse a pruebas o exámenes, etc.

Los motivos se dirigen casi en su totalidad a problemas de autoestima, a una deformación de su autoimagen, debido a que el menor se ve a sí mismo como incapaz de realizar lo que se le pide.

Las exigencias de los padres y del colegio se tornan excesivas o muy superiores a sus capacidades.

A esta edad comienza a tomar importancia el sentido de pertenencia y aquellos niños con déficit en el aspecto social son los más perjudicados.

Las burlas, rechazos, sobrenombres o “tallas pesadas” que realizan en su contra los compañeros de curso o el grupo de pares, le provocan un sentimiento de marginalidad y de escaso o nulo poder, que destruye su imagen personal.

Adolescencia (11 a 18). Los síntomas a esta edad se manifiestan en distintas formas. Algunos muchachos optan por el consumo de alcohol, marihuana u otro tipo de drogas como mecanismo de evasión.

Otros, expresan un exceso de preocupación por el cuerpo, pudiendo generar problemas de alimentación como anorexia o bulimia.

Casi en la mayoría de los casos se presenta una excesiva dificultad para comprometerse.

Los síntomas somáticos habituales son: dolor de estómago, tensión muscular, irritabilidad y cambio de humor acentuado.

El cuerpo es en este periodo el principal estresor; les preocupa la apariencia, la capacidad sexual, la opinión de los otros respecto a ellos.

La familia como fuente de apoyo pasa a segundo plano frente a los amigos y les sobreviene una gran preocupación y presión por el tema del futuro (temor a la competencia, a la exigencia intelectual, a la decisión sobre qué estudiar).

La actitud de los padres

Para evitar que el niño desarrolle un estado de estrés, los papás deben hacer un completo proceso de revisión tanto personal, como del niño y del ambiente que los rodea.

Deben detenerse a analizar las propias expectativas que se tienen del hijo. Conocerlo y aceptarlo tal como es, es el pilar fundamental para una buena y saludable relación.

Si se le exige más de lo que es capaz de rendir, o de lo que cree que es capaz de realizar, se le producirá un sentimiento de disminución, de apocamiento, de frustración y fracaso, que podría agravar la situación de estrés.

Una vez que se ha notado una actitud fuera de lo común, que aparezca como señal de alerta de que algo no está funcionando correctamente, se debe analizar si lo que le ocurre al niño se relaciona con el ámbito amoroso –dificultades en el ambiente y clima emocional familiar- o con las normas, sean estas muy exigentes o en extremo permisivas. También se deben considerar los estresores que provienen del colegio o de su grupo de amigos.

Cada papá que detecta este problema en su hijo debe tratar de descifrar la causa que lo genera y para eso debe remitirse a las vivencias de los últimos seis meses, buscando posibles cambios a los que fue expuesto el niño y que le afectaron sobremanera.

Una forma de ayudar al niño a enfrentar su situación y superarla, es considerando los “factores de protección”, que la psicóloga Montt resume en 8 puntos:

-Autoestima. Un niño que ha logrado desarrollar un alto nivel de autoestima, está menos expuesto a estresarse.

Para ello, es necesario que los padres apoyen a su hijo en todos los proyectos que él emprenda, por pequeños que parezcan.

Debe existir un refuerzo verbal y una conducta acorde (no decirle por ejemplo: “¡Ah, que lindo tu dibujo!”, con un gesto de indiferencia y sin siquiera tomarlo entre las manos).

Ambos padres deben preocuparse por lo que hace y fomentarle un sentimiento de poder y autonomía. Lo más importante es crearse expectativas acordes con las características del niño. “No todos son superdotados ni muchachos maravilla”.

-Sentimiento de Competencia. Toda persona necesita sentirse capaz. El niño debe estar consciente de que puede enfrentar y resolver sus problemas y que para ello puede buscar apoyo o pedir ayuda sin, por eso, ser menos.

-Humor. En toda familia debe existir una cuota de humor, que es el estado fisiológico antagónico al estrés. Sonreír hace muy bien, libera las tensiones y produce bienestar mental y una actitud positiva.

-Creatividad y Cambio. Son muy necesarias para no pensar en lo que estresa. Manteniendo la mente ocupada en otras cosas, que sean del agrado del niño, le permitirán olvidar aquello que le molesta y le causa daño.

-Ejercicio Físico. Ayuda a mantener la mente sana y distraída, además de mejorar la autoimagen.

-Alimentación. Debe ser sana y ordenada, sin recargar el estómago con cosas que no sean necesarias. Lo ideal es tener horarios fijos para cada comida, donde ojalá se pueda compartir en familia.

-Cuidar hábitos de sueño. Se debe procurar que el niño no trasnoche y que duerma las horas necesarias para cada etapa de su desarrollo. Su lugar de descanso debe ser cómodo.

-Compañía. Jamás descuide a su hijo. Ante todo él necesita del apoyo incondicional de sus seres queridos. Necesita saber que no está solo en el mundo y para eso hay que demostrárselo.

Es muy importante tener presente que los estímulos estresantes son subjetivos; cada cual percibe como estresor aquello que lo sobrepasa.

Por este motivo, su hijo podría manifestarse estresado por situaciones que, a su parecer, no tienen importancia.

En caso de presentar este tipo de síntomas, le recomendamos acudir a un especialista. El más indicado sería un psicólogo infantil.

 

FUENTE: http://www.familia.cl/salud/estres/estres_ninos.htm 


La diferencia como valor social.
                EL ESTRÉS EN LOS NIÑOS ¿CÓMO AYUDAR? 

Los adultos, en su función de proveedores de atención y cuidadores, tienden a ver el mundo de los niños como feliz y despreocupado. Después de todo, los niños no tienen que trabajar ni que pagar cuentas; entonces, ¿de qué podrían preocuparse?


 ¡De muchas cosas! Incluso los niños muy pequeños tienen preocupaciones y sienten estrés en alguna medida. El estrés es una función de las demandas que tenemos y de nuestra capacidad para satisfacerlas.
Fuentes de estrés

Las presiones a menudo provienen de fuentes externas (como la familia, los amigos o la escuela), pero también pueden surgir de la persona. La presión que nos imponemos puede ser muy significativa, porque a menudo hay una discrepancia entre lo que creemos que debemos estar haciendo y lo que hacemos realmente en nuestras vidas.

El estrés puede afectar a cualquier persona que se sienta abrumada, incluso a los niños. En los niños en edad preescolar, el hecho de separarse de sus padres puede ocasionarles ansiedad. A medida que los niños crecen, las presiones académicas y sociales (en especial, la tarea de "encajar") crean estrés.

Muchos niños están muy ocupados y no tienen tiempo para jugar de manera creativa o relajarse después de la escuela. Los niños que se quejan de la cantidad de actividades en las que participan o se niegan a asistir a ellas pueden estar dando a entender que están demasiado atareados.

Hable con sus hijos acerca de cómo se sienten respecto de sus actividades extracurriculares. Si se quejan, conversen sobre los pros y los contras de dejar una actividad. Si no es posible que la dejen, analice maneras de ayudar a organizar el tiempo y las responsabilidades de su hijo a fin de que no le generen tanta ansiedad.

El estrés de los niños no sólo puede aumentar por lo que sucede en su propia vida. ¿Sus hijos escuchan cuando usted habla sobre sus problemas en el trabajo, se preocupa por la enfermedad de un pariente o discute con su cónyuge sobre problemas económicos? Los padres deben tener en cuenta la manera en que hablan sobre estos problemas cuando sus hijos están cerca, porque los niños reconocerán la ansiedad de los padres y comenzarán a preocuparse.

Las noticias del mundo pueden causar estrés. Los niños que ven imágenes perturbadoras por televisión o que escuchan hablar sobre desastres naturales, guerra y terrorismo pueden preocuparse por su propia seguridad y la de las personas que quieren. Hable con sus hijos acerca de lo que ven y escuchan, y controle lo que ven por televisión, de modo de ayudarlos a entender lo que sucede.

También debe tener en cuenta los factores agravantes, como una enfermedad, la muerte de un ser querido o un divorcio, que cuando se suman a las presiones cotidianas que los niños enfrentan, magnifican el estrés. Incluso el divorcio más cordial puede ser una experiencia difícil para los niños, debido a que su sistema básico de seguridad —su familia— atraviesa un cambio complicado. Los padres separados o divorciados nunca deben colocar a los hijos en una posición en la que deban elegir un lado, ni exponerlos a comentarios negativos sobre el otro cónyuge.
Signos y síntomas

Si bien no siempre es fácil reconocer el estrés en los niños, los cambios a corto plazo en la conducta, como los cambios de humor, el mal comportamiento, el cambio en los patrones del sueño o el hecho de mojar la cama, pueden ser indicaciones. Algunos niños experimentan efectos físicos, que incluyen dolor de estómago y dolor de cabeza. Otros tienen problemas para concentrarse o terminar la tarea escolar. Otros niños se abstraen o pasan mucho tiempo solos.

Los niños más pequeños pueden mostrar signos de reacción frente al estrés al adoptar nuevos hábitos, como chuparse el dedo, enroscarse el cabello con el dedo o meterse el dedo en la nariz. Los niños mayores pueden comenzar a mentir, a agredir a otras personas o a desafiar la autoridad. Un niño estresado también puede tener pesadillas, dificultad para irse de su lado, reacciones exageradas a problemas menores y cambios radicales en el desempeño académico.
Cómo reducir el estrés

¿Cómo puede ayudar a sus hijos a enfrentar el estrés? El descanso adecuado y la nutrición correcta, así como una buena crianza, pueden aumentar las habilidades para enfrentar las situaciones. Hágase un tiempo para sus hijos todos los días. Esté disponible para ellos, ya sea que necesiten hablar o simplemente estar en el mismo cuarto que usted.

Incluso a medida que los niños crecen, el tiempo de calidad es importante. Para algunas personas, realmente es difícil regresar del trabajo, agacharse y jugar con sus hijos o tan sólo hablar con ellos sobre su día, en especial cuando ellos mismos han tenido un día estresante. Pero expresar interés por el día de sus hijos les demuestra que, para usted, ellos son importantes.

Ayude a que su hijo enfrente el estrés hablando sobre sus posibles causas. Juntos, pueden proponer algunas soluciones, como reducir las actividades después de la escuela, pasar más tiempo hablando con los padres o los maestros, formular un régimen de ejercicios o llevar un diario.

También puede ayudar si se adelanta a las situaciones posiblemente estresantes y prepara a sus hijos para enfrentarlas. Por ejemplo, avísele a su hijo con anticipación (pero no demasiada) que se aproxima una cita con el médico y háblele sobre lo que sucederá. Sin embargo, debe tener en cuenta que los niños más pequeños probablemente no necesiten mucha preparación por adelantado. Darles mucha información puede causar más estrés. La seguridad es la clave.

Recuerde que cierto nivel de estrés es normal; hágales saber que está bien sentir enojo, temor, soledad o ansiedad y que otras personas comparten esos sentimientos.
Cómo ayudar a que su hijo enfrente el estrés

Cuando los niños no puedan o se nieguen a hablar sobre estos problemas, intente hablar sobre sus propias inquietudes. Esto demuestra que usted está dispuesto a tratar temas difíciles y que estará disponible para hablar cuando ellos estén listos. Si su hijo no está dispuesto a hablar y muestra síntomas que le preocupan, consulte a un consejero o a otro especialista en salud mental.

Los libros pueden ayudar a que los niños más pequeños se identifiquen con los personajes que atraviesan situaciones estresantes y vean cómo las enfrentan. Considere estas opciones: Alexander and the Terrible, Horrible, No Good, Very Bad Day de Judith Viorst; Tear Soup de Pat Schweibert, Chuck DeKlyen y Taylor Bills; y Dinosaurs Divorce de Marc Brown y Laurene Krasny Brown.

La mayoría de los padres cuentan con las habilidades para solucionar el estrés de sus hijos. Debe buscar atención profesional si cualquier cambio en la conducta persiste, si el estrés causa ansiedad grave o si la conducta genera problemas significativos en el funcionamiento en la escuela o el hogar.

Si necesita ayuda para buscar recursos para su hijo, consulte a su médico o a los consejeros y maestros de la escuela.

Revisado por: Jennifer Shroff Pendley, PhD
FUENTE: http://kidshealth.org/parent/en_espanol/emociones/stress_esp.html#



La diferencia como valor social.
EL NIÑO TIRANO 

La mayoría de autores que nos dedicamos a temas de familia, cuando decimos que los niños necesitan pautas, normas, reglas, hábitos, no lo hacemos con ánimo de anularlos, de tenerlos así controlados, sino todo lo contrario; lo argumentamos desde el convencimiento de que, gracias a esta línea educativa, el niño de hoy podrá ser un adulto auténticamente libre el día de mañana.

 
Mientras que si crece sin que nadie le marque el más mínimo límite (por aquello de: "¡Pobrecito, que no se traumatice!"), lo más probable es que se convierta en un despótico energúmeno, sin ninguna libertad, ya que será un pobre esclavo de sus instintos más primitivos.

Fernando Savater dice: "Para que una familia funcione educativamente es imprescindible que alguien en ella se resigne a ser adulto. Y me temo que este papel no puede decidirse por sorteo ni por una votación asamblearia. El padre que no quiere figurar sino como "el mejor amigo de sus hijos" es algo parecido a un arrugado compañero de juegos, sirve para poco; la madre, cuya única vanidad profesional es que la tomen por hermana ligeramente mayor que su hija, tampoco vale para mucho más".

Vamos a contracorriente los que predicamos el retorno a las figuras de autoridad en la familia, que los hijos tienen que aprender a cumplir con sus obligaciones, y que los padres desde la familia debemos fomentar las virtudes y la adquisición de valores positivos.

Hay que abolir, de una vez por todas, la absurda creencia de que al niño no hay que negarle nada. Así pues, no teman decir "NO" las veces que haga falta.

Cómo crear un niño tirano en pocos días:

Es muy fácil que un menor se convierta en tirano. Las líneas maestras para crear un niño tirano son las siguientes: tiene que consentirle todo, no decirle nunca "no" a ninguna de sus demandas y doblegarse siempre a sus caprichos.

Estas son las características de la familia de un tirano:

Padres hiperprotectores que impiden que sus hijos maduren por sí mismos.


Desde los primeros años, los padres claudican continuamente ante sus peticiones y caprichos.


Incapaces de ver al niño "sufrir", acceden a todos sus deseos.


Para no ver al niño "con ansiedad", ante la primera señal de malestar le retiran de la situación


Tienen diferencias (importantes) en el estilo educativo que practican ambos progenitores


Está uno de los progenitores en alianza con el hijo tirano y en contra del otro.


Ausencia de límites educativos y de figuras que representen mínima autoridad


Padres con miedo a mantener una actitud educativa firme por malas experiencias durante su propia educación ("A mí me educaron a golpes y no quiero que pase lo mismo con mi hijo", argumentan)


Educación sólo en manos de los abuelos o de otras personas (por ejemplo, servicio doméstico, canguros, etc.), más laxos en imponer disciplina.


Consideración del niño como especial: hijo muy deseado, con dificultades para tenerlo, hijo único, hijo adoptado, concebido por padres muy añosos, considerado como niño prodigio, con discapacidad física o psíquica, etc.

Características del niño tirano:


Es muy caprichoso.


Sabe molestar a los demás pero no soporta que lo molesten a él.


Muestra una baja tolerancia a la frustración: no acepta los fracasos.


Es egocéntrico, egoísta, con necesidad de llamar la atención, exigiendo siempre sus derechos, pero no le importan los de los demás


Atemoriza a los padres mediante pataletas (si es pequeño) y amenazas de fuga y/o autolesionarse (si es mayor).


Hace sentir culpables a los padres mediante comparaciones con otros niños y constantes quejas de no ser querido lo suficiente ("todos lo tienen menos yo!", grita y gime cuando quiere algo)


Hijo único (en el 35% de los casos), también puede ser el hijo mayor o el pequeño cuando hay diferencia en años con los mayores.


Varón en la mayoría de los casos: se calcula que hay una niña tirana por cada cinco niños tiranos.

¿Cómo reconvertir al niño tirano?

Prácticamente toda la actividad de la familia gira alrededor de los menores. Se calcula que casi la mitad de las compras familiares (el 43% aproximadamente) son realizadas a partir de la influencia total o parcial de los hijos. Así pues, muchas compras relativas a la alimentación, vestuario, juguetería, etc. están condicionadas por la decisión de los retoños. Es fácil deducir que a medida que el niño tenga más prerrogativas y privilegios, más facilidades tendrá en convertirse en el único personaje con poder de decisión de la familia.

Salta a la vista que a "los reyes de la casa" no hay que darles mucha coba, porque la entronización en el hogar ya se la procuran ellos mismos: se saben piezas importantes en el puzzle familiar. Por lo tanto, hay que comprometerles en la vida en familia. Hacerles respetar las normas, razonándoles el porqué se aplican, y enseñarles desde pequeños a controlar sus impulsos.

Normas práctica para reconvertir al niño tirano y educar a los hijos:

Establecer reglas claras que regulen la convivencia familiar


Explicar con razones las reglas y la disciplina sugerida


Ser coherentes en el modelo de vida a trasmitir


Mostrarse persistente en las decisiones


Supervisar las actividades y amistades de los hijos


Autoridad parental, sin autoritarismos


Procurar gratificar, más que castigar


Saber negociar con el niño las situaciones conflictivas, si la edad y su estado emocional se lo permite: que no viva las recomendaciones como una imposición, pero sí que vea la firmeza de los padres.


Mejorar la tolerancia a la frustración del hijo, animándole a conseguir autonomía.


Fomentar vínculos de respeto y cariño mutuos.


Trasmitir los valores éticos, culturales y religiosos.


Otorgar responsabilidades y total confianza a los hijos.


Mostrar satisfacción en el papel de padres y esposos.


Acostumbrar al niño a "pararse y pensar" antes de actuar.


Enseñar al hijo a ponerse límites y ser coherente consigo mismo.


Considerar las consecuencias de la conducta en los demás.


Entender los sentimientos de los demás: educación de los sentimientos.


Distribuir y reafirmar el papel de cada uno de los progenitores, hermanos y demás familiares.


Que los padres no se sientan culpables sino satisfechos en su papel de padres, y que el hijo también se sienta satisfecho y querido en su papel de hijo. no tirano.

Para que una orden o instrucción sea eficaz siga las siguientes pautas:

Dé sólo una instrucción cada vez (no repetir órdenes mil veces). Ha de especificar la conducta deseada de una manera breve y clara.


Debe ser acorde a la edad del niño. Sin amenazas.


Darlas consecutivamente, no intentar imponer varias de forma simultánea.


Usar esquemas tipo "hacer" y "si-entonces" (si terminas tus deberes, podrás ir al parque")


Dar oportunidades de obedecer mediante avisos y recordatorios.


Apoyar las instrucciones de su pareja.


Comprobar la realización de la tarea si fuese necesario.


Alabar la obediencia y establecer consecuencias para la desobediencia.


Si el castigo está comprometido, es decir, si el niño sabe que una actitud o acción concreta conlleva sanción y la comete, hacérsela cumplir.


Buscar el momento oportuno para darlas y razonarlas. Pero, ocasionalmente, se puede realizar desde el prestigio ganado en el respeto adquirido en el día a día educativo.

Alguien dijo acertadamente: "Sólo se educa cuando se exige; sólo se exige cuando se ama"

Dedicar tiempo a los hijos es la mejor inversión que pueden hacer los padres, pero eso sí: tiempo educativo, en servicio permanente, con el nivel de exigencia que corresponda. Asimismo, hay que decir más veces y desde los primeros meses de vida del niño: "Niño, eso no se hace, eso no se dice, eso no se toca". Se evitará que un hijo tirano le amargue la vida.



Por Elena Roger Gamir, pedagoga del Gabinete Pedagógico Solohijos
http://www.solohijos.com/






La diferencia como valor social.