sábado, 27 de agosto de 2011

 Reforzamiento positivo
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El reforzamiento positivo es el aumento en la frecuencia de una conducta cuando  se presenta un evento favorable inmediatamente después de esa conducta. Este evento favorable se conoce como reforzador positivo. En otras palabras, la conducta se fortalece cuando es seguida por un reforzador positivo. 



El término "positivo" significa que el reforzador se presenta o se adiciona inmediatamente  después de la conducta. Los reforzadores positivos suelen ser cosas agradables para el individuo, o cosas por las que el individuo está dispuesto a hacer algún trabajo. Por eso es común que se los confunda con recompensas, pero no son lo mismo. Un reforzador positivo siempre aumenta la frecuencia de una conducta. En cambio, una recompensa no lo hace. Imagina que te desafían a comer un plato de cucarachas vivas. Por otra parte, un reforzador positivo no siempre es una recompensa. Todo colegio tiene un profesor odiado por los alumnos.

 Cuando un alumno se porta mal y ese profesor lo reprende, la reprimenda suele reforzar  la mala conducta porque viene del "profesor odiado". En ese caso la consecuencia de la conducta no es una recompensa, pero sí un reforzador  positivo. Puedes ver un ejemplo típico de reforzamiento positivo en la vida cotidiana si observas el  comportamiento de un niño pequeño. La mayoría de los niños pequeños, sino todos, lloran para conseguir lo que quieren. Lo que ocurre es que los llantos incomodan tanto a sus padres que éstos terminan cediendo en  la mayoría de las situaciones.


 
El reforzamiento positivo es el aumento en la frecuencia de una conducta cuando se presenta  un evento favorable inmediatamente después de esa conducta. Este evento favorable se conoce como reforzador positivo. En otras palabras, la conducta se fortalece cuando es seguida por un reforzador positivo.
El término "positivo" significa que el reforzador se presenta o se adiciona inmediatamente  después de la conducta.
Los reforzadores positivos suelen ser cosas agradables para el individuo, o cosas por las que el individuo está dispuesto a hacer algún trabajo. Por eso es común que se los confunda con recompensas, pero no son lo mismo. Un reforzador positivo siempre aumenta la frecuencia de una conducta. En cambio, una recompensa no lo hace. Imagina que te desafían a comer un plato de cucarachas vivas. Por otra parte, un reforzador positivo no siempre es una recompensa. Todo colegio tiene un profesor odiado por los alumnos.

 Cuando un alumno se porta mal y ese profesor lo reprende, la reprimenda suele reforzar la  mala conducta porque viene del "profesor odiado". En ese caso la consecuencia de la conducta no es una recompensa, pero sí un reforzador positivo.

Puedes ver un ejemplo típico de reforzamiento positivo en la vida cotidiana si observas el comportamiento de un niño pequeño. La mayoría de los niños pequeños, sino todos, lloran para conseguir lo que quieren.
Lo que ocurre es que los llantos incomodan tanto a los padres que éstos terminan cediendo, en la mayoría de las situaciones. Entonces, la conducta de llorar se refuerza positivamente en los niños porque les permite
 conseguir lo que quieren. Entonces, la conducta de llorar se refuerza positivamente en los niños porque les permite conseguir lo que quieren.


Ejemplo 1: Uso correcto del reforzamiento positivo
Uno de los ejercicios de obediencia canina consiste en que el perro se siente a la orden y  mantenga esa posición hasta que el adiestrador le indique que puede levantarse. Para hacer esto, primero se le enseña al perro a sentarse a la orden y, luego, se le  enseña a permanecer sentado por períodos cortos.
 Gradualmente se aumenta el tiempo, hasta que el perro puede quedarse sentado por unos minutos.
Un procedimiento para enseñarle al perro a mantener la posición  consiste en darle pedacitos de comida mientras está sentado.  Entonces, "quedarse sentado" es la conducta que se refuerza y el perro  aprende a mantener esa posición cada vez por más tiempo. El secreto del éxito en este procedimiento radica en dar la comida mientras el perro está sentado.  Si llega a levantarse antes de tomar la comida, se estará reforzando la conducta de levantarse



 Ejemplo 2: Uso incorrecto del reforzamiento positivo
Otro de los ejercicios de la obediencia canina es el "Junto", también llamado "Fuss". Consiste en que el perro camine a la izquierda de su guía, con el hombro a la altura de la pierna izquierda del guía.  Además, en la versión estilizada que se usa en algunos deportes caninos, el perro  debe ir mirando a los ojos del guía.
Muchos entrenadores usan un juguete alargado, conocido como "chorizo",  para entrenar este ejercicio.
Cuando el perro camina correctamente, hacen aparecer repentinamente  el juguete e inician un juego de tira y afloja con el perro.
El juego de tira y afloja actúa como reforzador, pero el reforzamiento positivo no es contingente porque cuando  el entrenador hace aparecer el juguete, el perro deja de mirarlo a los ojos y  puede adelantarse. Entonces, la conducta inmediatamente anterior a la presentación del reforzador positivo no es la que se desea y el perro aprende un "Junto" impreciso. Lo mejor para evitar este problema es usar un reforzador condicionado, que es un tipo de reforzador que sirve de "puente" entre la conducta que se desea reforzar y el momento en que se presenta el reforzador primario.

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La diferencia como valor social.

martes, 12 de julio de 2011

La familia como principal agente en el proceso educativo

La familia es el grupo humano primario más importante en la vida del hombre, la institución más estable de la historia de la humanidad. Cada familia tiene un modo de vida determinado, que depende de sus condiciones de vida, de sus actividades sociales, y de las relaciones sociales de sus miembros. El concepto incluye las actividades de la vida familiar y las relaciones intrafamiliares, que son específicas del nivel de funcionamiento psicológico de este pequeño grupo humano.

En la familia se produce la formación y transformación de la personalidad de sus integrantes. O sea, las relaciones intrafamiliares tienen la propiedad de formar en los hijos las primeras cualidades de personalidad y de trasmitir los conocimientos iniciales que son la condición para la asimilación ulterior del resto de las relaciones sociales.


El concepto de función familiar, común en la sociología contemporánea, se comprende como la interrelación y transformación real que se opera en la familia a través de sus relaciones o actividades sociales, así como por efecto de las mismas: la familia no es viable sin cierta armonía entre ellas; una disfunción en una de ellas altera al sistema.




Los padres, como subsistema rector, elaboran paulatinamente su representación del modelo social de familia. Los miembros de la familia experimentan la necesidad de la seguridad emocional, que en particular los más pequeños ven satisfecha en su relación con los padres. La identificación emocional con el hogar es un importante factor de estabilidad psíquica para todos; esto significa que el hogar constituye un refugio donde cada uno encuentra la seguridad y el afecto. 

Se ha reconocido que durante la primera infancia las alteraciones en la comunicación afectiva repercuten desfavorablemente en la formación temprana de la personalidad. En la experiencia clínica con niños que presentan defectos discapacitantes se comprueba que en los primeros años de vida se produce una especie de círculo de estimulación afectiva mutua entre la madre y el niño con defecto. Es señalado que cuanto más ella lo estimule, sus reacciones serán mejores. Pero si el bebé reacciona poco a los cuidados físicos, a las manipulaciones cariñosas, a la voz, a las sonrisas, y al afecto materno; eso desestimula a la madre. Luego sucede que la falta de estimulación sensorial y emocional frenan el desarrollo del bebé.

En general, el proceso de satisfacción de las necesidades especiales de estos niños puede estresar a la persona que lo cuida. A medida que ellos crecen, estas faltas de afecto, o incluso los rechazos que resultan evidentes en algunos familiares, pueden alterar notablemente la seguridad emocional del niño. 

En cierta medida, la vida afectiva familiar es precondición para el funcionamiento adecuado del sistema, incluyendo el cumplimiento de sus funciones de reproducción social. Aquí operan mecanismos de regulación del sistema que no son conscientes para sus miembros.

La familia: Primera Escuela
Los estudios e investigaciones más recientes de las neurociencias revelan las enormes posibilidades de aprendizaje y desarrollo del niño en las edades iniciales, y hacen reflexionar a las autoridades educacionales acerca de la necesidad de optimizar ese desarrollo, de potenciar al máximo, mediante una acertada dirección pedagógica, todas las potencialidades que la gran plasticidad del cerebro humano permitiría desarrollar.

A partir de entonces y hasta la fecha, múltiples estudios e investigaciones han revelado las potencialidades de desarrollo del niño desde que nace y se ofrecen variadas formas para su estimulación desde el seno del hogar, mas también se ha corroborado el papel decisivo de la familia en las primeras edades, en lo referente a la formación o asimilación de hábitos de vida y de comportamiento social en sus pequeños hijos. 

La familia y la formación de hábitos de vida.
Educar correctamente al niño exige que, desde muy temprana edad se le enseñen ciertas normas y hábitos de vida que garanticen tanto su salud física y mental como su ajuste social.

El niño, en cada una de las etapas de su vida, debe comportarse de una manera adecuada, cumplimentar todo aquello que se espera de él, pero, para que así sea, es indispensable sentar previamente ciertas bases de organización de la vida familiar que le permitan tener las condiciones mínimas para lograr un desarrollo físico y psíquico adecuado.

Frecuentemente se le pide al niño que no riegue, que se peine y lave las manos, que no se manche la ropa, etc. Si no actúa adecuadamente, es porque no se han formado estos hábitos desde su más tierna infancia. De ocurrir esto se ha educado erróneamente al niño y esta falla hay que atribuírsela a los padres. Un hábito no es más que la forma de reaccionar frente a una situación determinada, que se obtiene a través de un entrenamiento sistemático; o sea, es la tendencia que existe de repetir un acto que se ha realizado previamente y que, una vez establecido, se realiza automáticamente, sin necesidad de analizar qué se está haciendo.

Para que el niño adquiera las normas y hábitos necesarios es indispensable que los padres organicen su vida, es decir, que le establezcan un horario de vida. Si se desea que el niño forme un hábito, primeramente hay que mostrarle cómo debe actuar. El ejemplo que ofrecen los padres y demás adultos que viven con él es muy importante. Además, es fundamental ser persistente, constante y tener la suficiente paciencia para no decaer en el logro de este propósito.

Si las personas que rodean al niño se caracterizan por ser sosegadas, tranquilas, cariñosas, el niño adquiere con facilidad el hábito de hablar en voz baja. No es lógico pedirle al niño que sea aseado si a su alrededor sólo ve personas sucias, que no cuidan de su aseo personal ni del orden y limpieza de la vivienda.

Una vez que se han garantizado las condiciones y mostrado al niño con el ejemplo lo que debe hacer, debe explicársele la utilidad del mismo, o sea, los beneficios que va a obtener cuando lo adquiera. Después será necesaria la repetición de esta actividad para que se fije en su conducta. Por último, los adultos –los padres, principalmente- aprovecharán estas primeras acciones del niño para reforzarlas y estimularlas de manera de crear en él motivaciones de hacer las cosas de esta manera.

No cabe duda que esta formación es responsabilidad de los adultos, quienes tienen que organizar sus propias vidas, teniendo en cuenta a sus hijos para no interferir el desarrollo de sus actividades.

Hay niños que sufren de pérdida del apetito, alteraciones en el sueño, etc., por falta de organización de la vida familiar. 

La familia y la formación de hábitos sociales en el niño.
Ningún padre aspira a formar un hijo que no se ajuste, por sus conductas, a la vida en sociedad. Todos quieren que sus hijos sean aceptados por sus compañeros, sean capaces y agradables, lo que les posibilite poder establecer relaciones sociales armónicas con sus semejantes. De ahí, lo importante que resulta enseñar al niño los hábitos sociales indispensables desde los primeros años.

La conducta social que manifiestan los niños, está estrechamente influida por las normas de conducta que se practiquen en el hogar.

Es en el colectivo familiar, donde se deben aprender y practicar los hábitos y normas positivas de convivencia social. Esto es posible a través de las relaciones que se establecen entre sus miembros. Son las relaciones familiares basadas en el amor y respeto mutuos las que ayudan a formar los hábitos sociales.

Muchos padres se preocupan por crear buenos hábitos de sueño, alimentación, etc., pero, a veces, no toman el interés necesario para enseñar al hijo los mejores hábitos de cortesía y las formas correctas de convivencia social que se utilizan en la vida en sociedad y que permiten expresar el respeto que se siente hacia las demás personas. 

EL ARTICULO COMPLETO ESTÁ EN:


La diferencia como valor social.
 APROXIMACIÓN AL CONCEPTO DE TAREAS PARA CASA (TPC)
 
¿Qué son las "tareas para la casa"? Los docentes sabemos que constituyen una parte que no se puede suplantar en el proceso de aprendizaje, son parte de las actividades escolares. El siguiente artículo trata sobre diversas cuestiones relacionadas con ellas.


Las tareas para casa (TPC), definidas por Cooper (1989, 2001) como las tareas que los profesores prescriben a los alumnos para realizar fuera del horario lectivo, tienen una larga y arraigada tradición escolar, siendo una práctica habitual en la mayoría de las escuelas a lo largo de todo mundo. La literatura sugiere que, en períodos de reforma de los sistemas educativos, las TPC asumen un papel más sobresaliente en el día-a-día escolar, ya que se traducen en un aumento de la carga de las tareas prescritas a los alumnos para que las realicen fuera del contexto del aula. En este sentido, las TPC son reconocidas como un indicador tanto de escuelas como de alumnos exitosos (Epstein y Van Voorhis, 2001). En este sentido, estudios realizados  a nivel internacional, como el estudio PISA 2000 y 2006, constatan que los países y escuelas que prescriben más TPC son aquellos que presentan mejores niveles de rendimiento académico.

Las TPC son, de hecho consideradas por muchos profesores como una de las herramientas más útiles, e incluso indispensables, para la promoción de la calidad del aprendizaje de sus alumnos y la consiguiente mejora de la calidad de su proceso educativo. Según Epstein y Von Voorhis (2001), ya en los años ochenta, investigadores como Coleman, Hoffer y Kilgore concluyeron en sus trabajos que una mayor cantidad de TPC, así como de disciplina son dos de los factores más importantes en la mejora del  ambiente de aprendizaje y el consecuente éxito académico que presentan las escuelas privadas en contraposición a las escuelas públicas.

La idea de prescribir más TPC se basa en la presunción de que cuanto más tiempo dediquen los alumnos al estudio de los contenidos transmitidos, más aprenderán. Esta idea, sustentada por algunos autores, es muy discutida por otros. Entre los primeros se defiende la idea de que si hay algo universalmente aceptado es que la cantidad de tiempo invertida en la tarea predice la cantidad de material que se aprende. En este sentido, las TPC serían una forma de extender el día de escuela, como defiende Walberg y sus colaboradores. Además, según datos de algunos estudios, las TPC prescritas de una forma diaria y regular, evaluadas con un feedback adecuado respecto a la realización que proporcione formas de mejorarlo, son algunas de las prácticas más ligadas con los efectos ventajosos de las TPC como herramienta de refuerzo del aprendizaje de los alumnos.

No obstante, aunque existe una aceptación creciente del influyente papel de las TPC en el resultado escolar de los alumnos, actualmente se cuestionan aún las relaciones causales entre estas dos variables, especialmente debido a la gran diversidad de efectos de las TPC en los diferentes niveles de enseñanza.

Hablar de TPC es algo complejo, dado que las variables implicadas son muy diversas y heterogéneos los focos que las observan.

Los teóricos de la autorregulación defienden las TPC como una herramienta útil para promocionar la implicación y la concentración del alumno en la tarea proporcionando una ética de trabajo, pero no sancionan, obviamente, cualquiera TPC. Respecto a este constructo, como a tantos otros del día-a-día educativo, más que inclinarse emocionalmente hacia uno de los bordes de la barrera, quizás la solución este en la discusión de su anatomía (e.g., carga, tipología de tareas prescritas, periodicidad, funcionalidad percibida por los alumnos y padres, feedback dado), de manera que las tareas propuestas promuevan y optimicen el querer y el hacer de los alumnos no siendo intrusivas para la familia.

¿Qué sabemos sobre el impacto del cumplimiento de las TPC en el rendimiento escolar?, ¿Qué deben hacer los profesores hacia las tareas de casa?, ¿Qué papel debe ser asumido por los padres en la construcción de un ambiente de estudio adecuado?,  Estas son algunas de las preguntas a las que trataremos de contestar en las páginas siguientes profundizando  en algunos de los qués y porqués de las TPC.

PROBLEMÁTICAS EN TORNO A LAS TAREAS PARA CASA
Es algo muy comentado en los medios educativos, que los alumnos, de un modo general, estudian y trabajan cada vez menos. También son comunes comentarios como los siguientes: “los alumnos hoy día no estudian” y “no hacen ni las TPC”. Tanto a partir de estos indicadores de la calle, como por el apoyo a estas ideas recogido en los informes de OCDE y PISA, podemos afirmar que los alumnos dedican poco tiempo a su estudio y trabajo personal, lo que tiene implicaciones directas en sus bajas notas (Mourão, 2004).

La dedicación de tiempo en el estudio personal y, particularmente, en la realización de las TPC, es sin duda un factor determinante en el rendimiento académico de los alumnos. La investigación subraya y confirma la importancia que tiene el papel del “tiempo en la tarea” (time on task), tanto durante las clases, como posteriormente en casa completando las TPC y estudiando. A pesar de todo, conviene subrayar que, cuando hablamos en tiempo dedicado a las TPC, la investigación aconseja diferenciar entre la cantidad y la calidad de dicho tiempo. Invertir demasiado tiempo con las TPC puede significar, simplemente, insuficientes conocimientos previos o dificultades obvias para trabajar los contenidos. Así, dedicar poco tiempo en las tareas puede estar relacionado con una elevada eficiencia del alumno o, al revés, una gran incapacidad. Por ello, más importante que el tiempo utilizado, es la calidad y nivel de realización de las tareas prescritas, pues estos factores se relacionan positivamente con los resultados escolares de los alumnos. Los datos de un amplio programa de investigación de Cooper y colaboradores (1998) demuestran que las TPC ejercen una mayor influencia en los niveles de escolaridad más avanzados, en comparación con los niveles iniciales. Un examen más detallado de los beneficios de las TPC en los primeros cursos de primaria demuestra que los alumnos más pequeños tienden a ser menos eficientes que sus compañeros mayores en sus hábitos de estudio y en el control de los distractores, lo que pesará, de hecho, a la hora de hacer los trabajos prescritos. A esto se une los hallazgos de Muhlenbruck y colaboradores, dados a conocer en 2000, los cuáles sugieren que los profesores de primaria valoran más en las TPC la oportunidad del alumno de entrenar competencias de gestión de tiempo y hábitos de estudio que propiamente el trabajo de los contenidos. El desarrollo de estas competencias ocurre no solo en el amplio contexto de la escuela, sino también en el contexto casa-familia. Como compañeros en el proceso de aprendizaje de los alumnos, padres y profesores desempeñan un papel primordial en el desarrollo de las creencias y enfoques que acompañan las TPC.

A lo largo de la escolaridad, las TPC juegan un papel cada vez más importante en la consolidación de los aprendizajes. Si en los primeros cursos de primaria los profesores utilizan las TPC para desarrollar buenos hábitos de estudio y mejorar el auto-control, ya en los últimos años de primaria y en la ESO, los alumnos deberían empezar a asumir las TPC como una responsabilidad personal, anotando cuidadosamente las tareas prescritas, ejecutándolas a tiempo y verificando su realización. Así, consolidar buenos hábitos de trabajo debería ser un objetivo explícito en primaria. Los profesores y los padres deberían trabajar cooperativamente en el sentido de proporcionar una atmósfera de TPC suficientemente rica y favorecedora en oportunidades de modelación y orientación.

La asunción de responsabilidades en la gestión de tareas y en el estudio personal, competencias que alargan y profundizan el conocimiento del alumno sobre las asignaturas, corresponde a las características del paso de “aprendiz” a “experto”. Dicho de otra forma, las TPC debería ser uno de los hilos conductores en el camino hacia la maestría, dado que constituye una herramienta privilegiada de autorregulación.


Extraído de
ESCUELA-FAMILIA:
¿ES POSIBLE UNA RELACIÓN RECÍPROCA Y POSITIVA?
Pedro Rosário*, Rosa Mourão*, José Carlos Núñez**, Júlio António González-Pienda**y Paula Solano**
* Universidad de Minho (Portugal). **Universidad de Oviedo


La diferencia como valor social.

sábado, 9 de julio de 2011

EL ROL DE LA FAMILIA EN EL DESARROLLO DEL NIÑO

El desarrollo del niño tiene que ver con factores más allá del peso, la talla, y otros parámetros físicos. Hay desarrollo físico y desarrollo cualitativo. Éste último, desarrollo cualitativo, tiene que ver en forma importante con la interacción del ambiente y las pautas de crianza dentro de la familia.

 
El desarrollo tiene características principales:
• Es continuo.
• Es progresivo.
• Es irreversible.
• Tiene una secuencia fija.

Es posible detectar diferentes velocidades de las etapas de la secuencia, pero la secuencia es la misma de un niño a otro. En cada niño, en cada individuo, existen características propias de un desarrollo.
Factores que afectan el desarrollo
o Factores biológicos
o Factores prenatales
o Factores perinatales
o Factores postnatales

o Factores ambientales: Tanto o más importante que los factores biológicos, son los factores ambientales en la determinación de un desarrollo normal.

ENTRE LOS FACTORES DE TIPO AMBIENTAL, DONDE LA FAMILIA JUEGA UN PAPEL FUNDAMENTAL, PUES ES DONDE EL NIÑO ADQUIERE Y CONSOLIDA SU DESARROLLO, DETERMINAN EN FORMA CRÍTICA LA EVOLUCIÓN DEL NIÑO EN TODOS LOS ASPECTOS DE SU VIDA.
Algunos de ellos son:

o Estimulación: Es posible que el mayor desarrollo específico de determinadas áreas en un niño determinado esté dado por factores culturales que generan mayor estímulo en ciertos aspectos. El lenguaje, la socialización, el desarrollo de hábitos, son áreas donde la estimulación tiene efecto muy importante.

o Afectividad: Su importancia es indiscutible en el desarrollo de un niño equilibrado. Las alteraciones del vínculo con los padres o con la familia, pueden afectar el desarrollo.

o Normas de crianza: El desarrollo de hábitos, el grado de independencia y variados aspectos valóricos caen bajo las normas de crianza que afectan el desarrollo normal y sus variantes.

o Factores culturales y socioeconómicos: A pesar de ser conocido, debe destacarse la influencia que tiene sobre el desarrollo el nivel socio económico al cual pertenece el niño. Este nivel determina distintas oportunidades de estimulación, de educación, valores sociales diferentes que se pueden reflejar en las variaciones del desarrollo normal

o CONDICIONES DE LA FAMILIA: DEBEMOS DESTACAR LA IMPORTANCIA DE LAS CARACTERÍSTICAS DE LA FAMILIA SOBRE EL DESARROLLO DEL NIÑO. VALE LA PENA ENUMERAR LAS CARACTERÍSTICAS DE LA FAMILIA QUE FAVORECEN UN DESARROLLO NORMAL :

CERCANÍA AFECTIVA: UN ADECUADO AFECTO ENTRE LOS DISTINTOS MIEMBROS DE UNA FAMILIA FAVORECE EL DESARROLLO DEL NIÑO. UNA CALIDEZ ADECUADA ENTRE PADRE E HIJO Y ENTRE HERMANOS DETERMINA UN DESARROLLO NORMAL.

ACUERDO RELACIONAL: DEBEN EXISTIR REGLAS SOBRE LOS DISTINTOS MIEMBROS DE LA FAMILIA. ESTAS REGLAS DEBERÁN SER COMUNES PARA TODOS.

EQUILIBRIO EN LA CERCANÍA PARENTAL: EL NIÑO DEBERÍA ESTAR CERCANO AFECTIVAMENTE TANTO CON SUS PADRES COMO CON SUS HERMANOS U OTROS PARIENTES. UN ACERCAMIENTO EXCESIVO A UNO DE LOS PADRES GENERA CONFLICTOS EN EL DESARROLLO.

JERARQUÍA PARENTO-FILIAL DEFINIDA: ESTA JERARQUÍA SUPERIOR DE LOS PADRES PERMITE ESTABLECER UNA RELACIÓN ADECUADA EN CUANTO A NORMAS, HÁBITOS, VALORES, ETC., LO QUE GENERA UN COMPORTAMIENTO INFANTIL SIN CONFLICTOS.

NORMAS CLARAS, CONSISTENTES Y NO ALBITRARIAS Y FLEXIBLES: COMO CONSECUENCIA DEL PÁRRAFO ANTERIOR SE DEDUCE QUE DEBEN EXISTIR NORMAS CLARASY CONSISTENTES, SOBRE LOS QUE SE ASIENTA LA CONDUCTA DEL NIÑO. LA EXISTENCIA DE REGLAS CLARAS NO IMPIDE QUE ELLAS SE FLEXIBILICEN EN CIERTAS SITUACIONES. EN EL CASO DE LOS NIÑOS CON CONDICIONES ESPECIALES ESTAS NORMAS DEBEN SER LO MAS CLARAS, INEQUÍVOCAS, CONSISTENTES Y RUTINARIAS POSIBLES.

INTERACCIÓN AUTONÓMA CON IGUALES: LOS PADRES DEBEN PERMITIR QUE LOS HERMANOS RESUELVAN SOLOS ALGUNOS CONFLICTOS, PERMITIENDO ASÍ ACUERDOS RELACIONALES DEL SUBSISTEMA HIJOS. UNA INTROMISIÓN EXCESIVA DE LOS PADRES SOBRE LOS HERMANOS NO FAVORECE EL DESARROLLO DE ÉSTOS.

LÍMITES CLAROS DE LOS SUBSISTEMAS FAMILIARES: EXISTEN PROBLEMAS QUE SON DE EXCLUSIVA INCUMBENCIA DE LOS PADRES Y OTROS QUE LO SON SÓLO DE LOS HIJOS.

ES IMPORTANTE QUE TODOS TENGAMOS PRESENTE QUE LAS CARACTERÍSTICAS DEL DESARROLLO QUE EL NIÑO CONSTRUYE DESDE SUS PRIMEROS AÑOS EN EL SENO DE LA FAMILIA ES LO QUE DETERMINA EL ÉXITO O EL FRACASO, ESPECÍFICAMENTE EN NIÑOS CON NECESIDADES ESPECIALES, DE LOS PROGRAMAS QUE SE PRETENDAN IMPLEMENTAR FUERA: PSICOLOGÍA, PSICOPEDAGOGÍA, CONTROLES NUTRICIONALES, TERAPIAS DEL LENGUAJE Y LA VOZ, TERAPIA OCUPACIONAL, CONTROLES NEUROLÓGICOS, TERAPIAS ALTERNATIVAS, ENTRE OTRAS QUE PUDIERAN INSTALARSE.

ESTAS TERAPIAS SON COADYUVANTES, PERO NO DETERMINANTES, SE VAN A INSTALAR Y VAN A FUNCIONAR DEPENDIENDO DE LA HISTORIA PASADA, PRESENTE Y FUTURA DEL DESARROLLO DEL NIÑO EN EL SENO DE SU FAMILIA.

Puedes consultar el artículo completo en:
http://escuela.med.puc.cl/pagi​nas/publicaciones/manualped/de​ssneurolinf.html


La diferencia como valor social.

lunes, 18 de abril de 2011


Escribir a mano nos hace más inteligentes



Si usted tiene menos de 30 años y vive en un entorno urbano es muy probable que no recuerde cuando fue la última vez que escribió a mano. Ahora se comprueba que escribir a mano nos hace más inteligentes.

En una época donde el teclado se ha vuelto predominante en centros de trabajo, ocio y cualquier momento intermedio, la escritura a mano está pasando cada vez más a un segundo plano. De hecho, si siguen el camino hacia la oficina sin papel, quizás no hagan uso de un lapicero más que pocas veces durante la semana.
Pues bien, no es la primera vez que escuchamos que escribir a mano ayuda al desarrollo de nuestro cerebro – ayudando a los niños a mejorar sus habilidades motrices y aprender a expresarse y generar ideas.
Pero un reciente estudio realizado por Virginia Berninger de la Universidad de Wisconsin nos llevó a datos interesantes. Tras probar a estudiantes en las aulas de 2º, y 6º grado, encontró que no sólo escribían mucho más rápido a mano que con el teclado, sino que además, generaban más ideas cuando componían ensayos.
En otra investigación, Berninger demostró que los movimientos secuenciales de los dedos necesarios para escribir a mano, activan regiones del cerebro que involucran al pensamiento, lenguaje y memoria a corto plazo. En pocas palabras, escribir a mano aumenta nuestra actividad neuronal.
Otro dato curioso compartido por Steve Graham, profesor de Vanderbilt University, es que en promedio, tener una buena letra o escribir bien, puede incluso mejorar nuestras notas y calificaciones. En pocas palabras, las personas –quizás de manera subconsciente – califican la calidad de nuestras ideas basadas, en parte, en la calidad de nuestra forma de escribir.
El problema de todo esto, según nos cuenta The Wall Street Journal, es que el tiempo dedicado a la enseñanza de escritura a mano se está reduciendo, llegando a significar tan sólo una hora a la semana en algunas escuelas.

La diferencia como valor social.

martes, 12 de abril de 2011


CENTRO DE ATENCIÓN INTEGRAL A LA FAMILIA Y AL NIÑO
CON NECESIDADES ESPECIALES
CAIFANE

 Esta  institución fue fundada en el año 2 006 por un grupo de profesionales de la Modalidad de Educación Especial, con experiencia en las áreas de autismo, retardo mental, dificultades de aprendizaje, déficit de atención e hiperactividad. Caifane es un espacio  cuya misión se enmarca en  la construcción de proyectos educativos que privilegian a la población con necesidades especiales, en consonancia con lo que expresa la Declaración Universal de Derechos Humanos, en función de fomentar la igualdad de oportunidades,  la participación, la no discriminación y el respeto a las diferencias.

El eje de nuestro trabajo es el niño y su  entorno, donde crece y se desarrolla.  De esta forma, construimos nuestra visión, orientada hacia la búsqueda permanente de oportunidades que nos permitan hacer contribuciones únicas y valiosas a la familia, teniendo como norte-valor  la diversidad y el respeto a las diferencias como núcleo de acción.

Actualmente estamos funcionando bajo la asesoría técnica del psicólogo clínico Aldo Barbero, quien a su vez realiza, en esta institución, consultas,  evaluaciones y elaboración de planes de intervención. Contamos además con Ysabel Rivas, nutricionista; Ivanna Gil, terapista de lenguaje; Sandra Cabrera, docente de dificultades de aprendizaje y dos auxiliares con estudios y licenciatura en educación especial. Este equipo interdisciplinario posee experiencia en el campo de las necesidades especiales y una amplia y comprobada trayectoria de trabajo.

Caifane, se proyecta bajo el slogan “La diferencia como valor social”, pues partimos de la convicción de que todos los seres humanos poseen capacidades y potencialidades que se pueden estimular, desarrollar y consolidar a través de diversas formas y que el aprendizaje humano es el resultado de un proceso de construcción personal a través de la mediación de relaciones intersubjetivas dinámicamente complejas con “los otros”.

Las personas con necesidades especiales encuentran limitaciones cognitivas, afectivas, de comunicación y sociales para establecer y concluir  relaciones con su entorno. Por esta razón, el reto que tenemos por delante, desde el punto de vista educativo, es la estimulación del desarrollo a partir de las zonas potenciales. De esta forma, ayudamos a construir puentes intersubjetivos que lleven a las personas con necesidades especiales a encontrar sus significados y que le permitan formar sus propios puentes, apartándonos de la visión didactista y repetitiva  del proceso de enseñanza-aprendizaje, ubicándonos así, desde “la otredad”, en toda la complejidad de su multidimensión.


La diferencia como valor social.

martes, 29 de marzo de 2011

El ejemplo como padres (Mucho más que normas de educación). Liana Castello, escritora argentina. Reflexiones.

Siempre que hablamos de padres e hijos, surge la palabra ejemplo. Ser padres es, sin duda, lo más maravilloso que nos puede pasar, pero a su vez, es algo muy delicado. Más allá de las diferencias que podamos tener, es inevitable ser para nuestros hijos un ejemplo constante. No es por esto que ellos vayan a repetir exactamente nuestros actos, pero sí algo parecido.

Muchas veces, tendemos a pensar que el ejemplo que les damos se circunscribe a normas de educación. Les enseñamos a decir “gracias” y “por favor”, a saludar, a respetar a los mayores y un sin fin de etcéteras que son realmente importantes, pero no lo único. No basta con la palabra, hay que predicar con el ejemplo. Si nuestros hijos ven que no respetamos, difícilmente respetarán, si ven que no saludamos, creerán que no es necesario y si nosotros no pedimos por favor, el día de mañana exigirán, en lugar de pedir.

Esto es claro, pero ¿qué pasa a la hora de predicar otro tipo de cosas con nuestro ejemplo? Hay actitudes que nos mueven en la vida y van más allá de una norma de educación: la voluntad, la pasión, la perseverancia, la capacidad de soñar, entre otras. ¿Nos hemos puesto a pensar si, como padres, somos para nuestros hijos ejemplo de alguna de estas actitudes? Si ellos ven que nos apasionamos por lo que hacemos, más fácil les será amar lo que hagan. Si ven que no bajamos los brazos a pesar de las dificultades, seguramente no los bajarán ellos tampoco.



Si les mostramos que no hay edad para soñar, sin duda soñarán siempre. Nos guste o no, somos algo parecido a un espejo donde nuestros hijos se miran para -tal vez- tener una idea de cómo serán ellos de adultos. La imagen de este espejo no sólo debe reflejar buenos modales, sino también ganas, alegría, garra, cosas que tienen que ver con “el adentro” de cada uno de nosotros. Hacer nuestra tarea con amor, entusiasmarnos con y por la vida, no darnos por vencidos, perseguir un sueño son actos que nos hacen bien a nosotros, pero también a ellos.

Si nosotros dejamos de intentar ¿con qué derecho les enseñaremos a perseguir lo que quieren? Si no ponemos amor en cada pequeña y gran cosa que nos toque hacer ¿con qué autoridad les pediremos a ellos que cumplan con alegría sus responsabilidades? ¿Si no nos apasionamos por algo? ¿Cómo les inculcaremos que ellos lo hagan? Educar a un hijo es una tarea no sólo hermosa y difícil, sino inmensa. Está llena de pequeños y grandes detalles. Nuestro ejemplo también.

Ellos nos miran cuando cruzamos bien o mal una calle, si respetamos o no un semáforo, pero también ven cuando amamos lo que hacemos, cuando creemos que podemos, cuando sentimos que vivir es infinitamente más que sobrevivir. Hagamos lo posible para que cada vez que nuestros hijos se miren al espejo que somos, vean reflejada una imagen que les enseñe a ver que la vida vale la pena ser vivida, no sólo por ellos, sino por nosotros también.

Fuente: http://www.encuentos.com/reflexiones/el-ejemplo-como-padres/?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+Encuentos+%28EnCuentos%29


La diferencia como valor social.

jueves, 10 de marzo de 2011

  EL NIÑO MENTIROSO: AYUDARLE A DECIR LA VERDAD

Cuando vemos que un niño miente tendemos a inquietarnos, ya que pensamos que la mentira se puede convertir en un hábito y que con el tiempo puede llegar a ser un mentiroso. 

Pero no hay que preocuparse excesivamente ante las mentiras de un niño pequeño, ya que para él los límites entre la realidad y la fantasía no están claros del todo, sobre todo si tiene menos de 6 años. 

Los padres pueden ayudar a los niños de alrededor de tres años a ver la diferencia entre lo que es real y lo que es imaginación, fantasía o ficción. Para ello, se puede aprovechar cuando se ven dibujos animados, o se les cuenta o lee algún cuento.



Además el propósito de las mentiras de un niño menor de 4 años, puede ser el de agradar a sus padres. Si piensan que sus padres van a disgustarse por alguna travesura que haya hecho, simplemente lo niegan para que ellos no se entristezcan. 

Es a partir de 7 años cuando el niño se siente culpable por haber mentido, aunque su mentira “haya colado”. 

¿Qué podemos hacer para ayudar al niño a decir la verdad?
-Hay que hablar en la familia con frecuencia de la importancia de la sinceridad. De ese  modo los niños comenzarán a tener en cuenta ese valor. Para ello podemos ayudarnos de cuentos, como el del pastorcillo que engañaba a los vecinos con el grito de “¡Que viene el lobo¡”, hasta que vino de verdad y nadie le hizo caso… 

-La mejor manera de hacer que el niño diga la verdad es a través del ejemplo. Si el niño pequeño ve que sus padres mienten, él hará lo mismo. Por ello, si queremos educar el valor de la sinceridad, nosotros como adultos debemos practicarlo. 


 -No tenemos por qué mentir a los niños. Si hay cosas que no se les puede decir por alguna razón, es preferible admitirlo antes que inventarse una mentira. 

-Progresivamente, habrá que ir también enseñando al niño el sentido de las “mentiras piadosas”, dichas para no herir a nuestros semejantes. 

-A veces, si castigamos al niño con severidad corremos el riesgo, entre otros, de que el niño mienta para evitar el castigo. Por ello, es preferible utilizar en la educación del niño técnicas de disciplina positiva. 

-En todo caso, el niño debe tener claro que la mentira conlleva un problema añadido al del comportamiento inadecuado o la travesura. Para eso, si el niño admite que ha hecho algo mal se le debe de hacer ver que apreciamos su sinceridad y aplicarle una consecuencia menos negativa que en el caso de que hubiera intentado engañar con su embuste. 

-En el caso de un niño pequeño al que sorprendemos con “las manos en la masa”,  o simplemente que está claro que han cometido una ‘fechoría’, no es bueno hacerle preguntas para que así pueda inventarse una excusa o mentira. Es mejor ir directamente a reprochar lo que han hecho mal y aplicar la consecuencia natural o lógica más adecuada. Al no hacerle preguntas (que en realidad no necesitamos hacerle) estamos evitando que pueda mentirnos. 

-Muy importante para inculcar la honestidad y sinceridad es premiar y elogiar la conducta sincera, es decir, más que perseguir la mentira, estar atentos a cuando dice la verdad para reforzarle esa buena conducta. 

-También es útil para estimular el valor de la sinceridad el preparar un “cuaderno de verdades”, en el que iremos anotando las ocasiones en que el niño se muestra sincero, y revisarlo con el diariamente para que aprecie el valor de la buena conducta y sea consciente de cómo va progresando. 

-No olvidar tampoco que, conforme los niños crecen, especialmente cuando comienzan la etapa de la adolescencia, necesitan también de intimidad, y que además de los aspectos que los padres deben conocer, hay otros que son íntimos y que no tienen por qué contarles. En definitiva, no inmiscuyéndonos en esos temas evitamos que el niño se vea en la tesitura de engañar.



La diferencia como valor social.